La capital ucraniana fue blanco de un devastador ataque militar ruso el 31 de julio, pese al ultimátum del presidente estadounidense Donald Trump, quien había exigido el cese de la ofensiva en un plazo de diez días. La ofensiva ha dejado al menos 26 muertos, incluidos tres niños, y 159 personas heridas, según informes actualizados del Ministerio del Interior de Ucrania.

El Servicio Estatal de Emergencias informó que el ataque, ejecutado con misiles y drones, afectó varios puntos de Kiev durante la madrugada. Entre los fallecidos hay menores de edad, y las operaciones de rescate continúan, con cuerpos aún siendo extraídos de los escombros, especialmente en el distrito residencial de Sviatochinski.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, condenó con dureza lo ocurrido, calificando los bombardeos como “asesinatos ejemplarizantes” y un acto de “terror deliberado”. A través de la red social X, el mandatario declaró que estos ataques son una respuesta directa de Rusia a los esfuerzos internacionales por lograr la paz. “Rusia empezó esta guerra y es posible obligarla a terminarla”, afirmó.

Zelenski pidió una presión internacional “contundente y coordinada” contra el Kremlin y solicitó una postura clara de todos los Estados comprometidos con la paz. “Juntos podemos detener a Rusia y su terrorismo”, concluyó.

El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andrii Sibiga, también instó a incrementar la presión sobre Moscú. “Es hora de aplicar la máxima presión”, expresó, describiendo los ataques como “una mañana horrenda en Kiev”.

Este nuevo ataque se suma a la lista de actos de violencia en el conflicto que inició en febrero de 2022, cuando Rusia lanzó una invasión a gran escala sobre Ucrania.