Un equipo de investigadores del Instituto Politécnico de Worcester (WPI, por sus siglas en inglés) está desarrollando pequeños drones inspirados en los murciélagos, capaces de operar en condiciones extremas donde los modelos tradicionales fallan. Estos diminutos robots aéreos, que caben en la palma de una mano, podrían revolucionar las misiones de búsqueda y rescate en escenarios oscuros, con humo, niebla o tormentas.
“Cuando hay un terremoto o un tsunami, lo primero que se cae es el tendido eléctrico. Muchas veces es de noche, y no puedes esperar hasta la mañana siguiente para rescatar sobrevivientes”, explicó Nitin Sanket, profesor asistente de ingeniería robótica y líder del proyecto. “Así que miramos a la naturaleza. ¿Existe una criatura que realmente pueda hacer esto? La respuesta fue el murciélago”.
Inspirados en la ecolocalización —la capacidad de los murciélagos para orientarse mediante el sonido reflejado—, Sanket y su equipo desarrollan drones equipados con sensores ultrasónicos similares a los que usan los grifos automáticos de los baños públicos. Estos sensores emiten pulsos de alta frecuencia y analizan los ecos para detectar obstáculos y navegar incluso en la oscuridad total.
Durante una demostración reciente, uno de estos drones evitó colisiones con paredes transparentes en una habitación llena de niebla artificial y con muy poca luz. “Actualmente, los robots de búsqueda y rescate son principalmente operativos a plena luz del día”, señaló Sanket. “Pero las misiones reales suelen ocurrir en entornos peligrosos, confusos y muchas veces a oscuras”.
El proyecto, financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, busca crear drones económicos, energéticamente eficientes y lo suficientemente pequeños como para desplegarse en enjambres autónomos. Esta visión coincide con la de otros investigadores, como Ryan Williams, profesor asociado en Virginia Tech, quien trabaja en sistemas de drones capaces de coordinarse entre sí y decidir de manera independiente dónde buscar víctimas.
Williams explicó que su equipo ha usado datos de miles de casos de personas desaparecidas para entrenar modelos predictivos que guíen a los drones hacia las zonas más probables de hallazgo. “Queremos que los drones trabajen junto a los equipos humanos, aprendiendo cómo se comporta una persona perdida en el bosque”, comentó.
No obstante, el camino hacia drones tan sofisticados no está exento de desafíos. El ruido de las hélices, por ejemplo, interfiere con las señales ultrasónicas, por lo que el equipo del WPI ha tenido que diseñar carcasas impresas en 3D y usar inteligencia artificial para filtrar y procesar los sonidos con mayor precisión.
Aun con estos avances, Sanket reconoce que la naturaleza sigue siendo insuperable: “Los murciélagos son asombrosos. Pueden detectar algo tan pequeño como un cabello humano desde varios metros de distancia. Nosotros todavía estamos muy lejos de lograr eso, pero el objetivo es acercarnos cada vez más para que algún día estos robots puedan salvar vidas en el mundo real”.




