Un incidente ocurrido en un museo de Pekín, China, se volvió viral en redes sociales luego de que un niño derribara de manera accidental una valiosa corona de oro exhibida en una galería. El hecho quedó registrado en video y fue difundido por la propia dueña de la pieza, la influencer china Zhang Kaiyi, lo que desató un intenso debate sobre la responsabilidad legal, la seguridad en museos y el papel de los tutores.

En las imágenes se observa al menor acompañado por un adulto frente a una vitrina cuadrada colocada sobre una plataforma de aproximadamente un metro de altura. Mientras el adulto toma fotografías, el niño sopla el vidrio y posteriormente intenta limpiarlo con la mano. En ese momento, la cubierta protectora se desprende y la corona cae al suelo, provocando daños considerables.

La pieza afectada es conocida como la “corona fénix”, pesa alrededor de dos kilogramos y está valuada en aproximadamente 2 millones 270 mil yuanes, equivalentes a unos 5.7 millones de pesos mexicanos. Fue elaborada de manera artesanal por el diseñador Zhang Yudong para su esposa y su valor no solo radica en el oro, sino también en su simbolismo histórico, ya que este tipo de coronas eran utilizadas por emperatrices o mujeres de alto rango en la antigua China y actualmente se asocian con estatus y fortuna, especialmente en bodas.

De acuerdo con estimaciones preliminares, los daños ocasionados ascienden a cerca de 400 mil yuanes, poco más de 50 mil dólares, lo que indica que la corona no quedó completamente destruida y podría ser reparada. No obstante, el caso generó un debate sobre quién debe asumir los costos de la restauración.

El abogado Fu Jian, director del bufete Henan Zejin, explicó a medios locales que la responsabilidad debe determinarse con base en el grado de culpa. Señaló que las vitrinas que exhiben objetos de alto valor deben cumplir estrictas normas de seguridad y que, si la estructura es inestable o no ofrece la protección adecuada, la responsabilidad podría recaer en quienes la diseñaron o instalaron.

Asimismo, destacó que los organizadores de exposiciones tienen la obligación legal de garantizar la seguridad de las piezas. Si los riesgos eran previsibles y no existían advertencias visibles, como señalamientos de “no tocar”, la responsabilidad podría ser compartida. Un empleado del Museo X reconoció que la cubierta protectora no estaba fijada correctamente y que no había señalización preventiva en el área.

Respecto al menor, el abogado recordó que, conforme al código civil chino, los niños carecen de capacidad civil, por lo que cualquier consecuencia legal recaería en sus tutores. Sin embargo, tras la viralización del video, Zhang Kaiyi aclaró que no busca exigir una indemnización a la familia ni exponerlos públicamente, y aseguró que su objetivo es llegar a una solución justa y prevenir accidentes similares en el futuro.