Un importante hallazgo del rover Curiosity de la NASA está cambiando la forma en que los científicos entienden la historia climática de Marte. Investigadores encontraron pruebas contundentes de que el planeta rojo albergó agua líquida durante más tiempo de lo que se pensaba, lo que sugiere que su proceso de desecación fue mucho más complejo.
El descubrimiento se produjo en las laderas del monte Sharp, dentro del cráter Gale, donde el rover identificó una serie de crestas simétricas grabadas en una roca extremadamente dura. Estas formaciones fueron creadas por el movimiento de olas en lagos poco profundos, una evidencia que contradice las teorías que sostenían que esa región solo contenía sedimentos secos.

Los datos fueron enviados por Curiosity el 1 de noviembre de 2025 desde la denominada “Banda Marcadora”, una unidad geológica rica en sulfatos que hasta ahora se asociaba con la etapa final del secado de la superficie marciana. Sin embargo, las ondulaciones halladas revelan que en esa zona existieron cuerpos de agua capaces de generar oleaje.
La extraordinaria dureza de la roca permitió que estas estructuras permanecieran intactas durante miles de millones de años, resistiendo la erosión causada por el viento marciano. Incluso, entre el 27 y el 31 de octubre de 2025, la perforadora del rover no logró obtener muestras debido a la resistencia del material.
Ante esta dificultad, los científicos recurrieron a los instrumentos ChemCam y APXS para analizar la composición química de la superficie. Los resultados detectaron elevadas concentraciones de magnesio y calcio, minerales que suelen formarse cuando el agua de un lago se evapora y aumenta su salinidad, lo que apunta a una transición gradual de lagos abiertos hacia salmueras antes de la completa desecación del planeta.
Ashwin Vasavada, científico del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, calificó estas ondulaciones como la evidencia más clara de agua y oleaje obtenida durante toda la misión Curiosity. Además, explicó que la forma simétrica de las crestas confirma que fueron originadas por el movimiento oscilatorio del agua y no por corrientes de ríos.
El estudio también indica que el clima marciano no evolucionó de manera lineal hacia la aridez. La disposición de las capas rocosas revela ciclos repetidos de inundaciones y evaporación, similares a fenómenos estacionales observados en la Tierra, permitiendo la permanencia de lagos incluso cuando la atmósfera del planeta comenzaba a perder densidad.
Asimismo, el rover detectó en la cresta de Gediz Vallis depósitos de escombros transportados por deslizamientos de tierra húmedos, lo que sugiere que hubo actividad relacionada con agua líquida incluso después de la formación de la Banda Marcadora.
Los científicos continuarán explorando esta región del monte Sharp con la esperanza de encontrar nuevos registros que permitan reconstruir los últimos episodios de humedad en Marte y comprender mejor cómo el planeta pasó de albergar lagos a convertirse en el mundo árido que conocemos hoy.





