Miles de personas han sido evacuadas en España y Francia debido a una serie de incendios forestales fuera de control, alimentados por una intensa ola de calor, la sequía y fuertes vientos que dificultan las labores de combate al fuego.

En España, la Comunidad de Madrid enfrenta el peor incendio de su historia, con más de 6,000 hectáreas consumidas y alrededor de 19,000 personas evacuadas o confinadas. La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, calificó la situación como una “catástrofe”, mientras que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, declaró el estado de emergencia en Madrid y la provincia de Ávila.

Las condiciones meteorológicas, con rachas de viento superiores a los 50 kilómetros por hora, altas temperaturas y baja humedad, han favorecido la expansión de las llamas. Ante la gravedad de la emergencia, España solicitó apoyo a la Unión Europea, que movilizó aviones cisterna enviados por Grecia e Italia.

Otro de los incendios más graves se registra en la provincia de Guadalajara, donde más de 32,000 hectáreas han sido devastadas en la última semana. Aunque el fuego ha disminuido en intensidad, más de 200 bomberos continúan trabajando para lograr su control.

En Francia, los incendios también mantienen en alerta a las autoridades, especialmente en la región cercana a Burdeos, donde cerca de 40,000 personas han sido evacuadas, incluyendo residentes y turistas de la península de Cap Ferret. Las llamas han afectado decenas de viviendas y continúan avanzando debido a las condiciones climáticas adversas.

El Gobierno francés también activó el mecanismo de protección civil de la Unión Europea para solicitar apoyo internacional, mientras que la UE anunció el envío de tres aviones cisterna para reforzar las labores de extinción.

La emergencia se extiende además a Italia, donde brigadistas combaten numerosos incendios en Sicilia y Calabria. Las autoridades investigan el posible origen intencional de algunos siniestros.

Especialistas señalan que la combinación de sequías prolongadas, olas de calor extremas y el cambio climático ha incrementado significativamente el riesgo y la intensidad de los incendios forestales en Europa, convirtiendo este año en uno de los más devastadores registrados en las últimas dos décadas.