RIGOBERTO GUZMÁN ARCE

                                          MIGUEL Y CAMILO

1.-Quieto mi cuerpo es cuando brota de mi alma, pájaro azul, mariposa, lobo y música. Después de días sumamente agitados, de traslados, de movimientos y seguir narrando lo que quedará para la historia con el proyecto que me propuse realizar desde el 16 de marzo para las futuras generaciones por medio de investigaciones que harán en el medio digital del Regional; días emocionales que resisto tempestades, discusiones, aclaraciones, acompañamientos; estoy escuchando a Miguel Gallardo, el de la voz sensual que me hizo vivir intensamente aquellas noches de amor. Hoy tengo ganas de ti, su bandera que ondeaba en la piel necesaria, desafiaba a mi pobre y lleno de ilusiones, mi corazón enamorado. El segundo en tu vida, Luna de otoño, Otro ocupa mi lugar, Quédate_ sublime_ y así llegó la noche. Aquellos momentos de los juegos mecánicos sus canciones como ambiente para buscar mujer. Los bailes como escenario para sentir, la pista tenue y las manos unidas, teniendo el deseo de perpetuar el minuto. Aquí de nuevo estoy cantando para creer que no se olvida nada si estás dispuesto a recibir tus sentidos. Miguel Gallardo siempre acompañando en el amor y desamor, en las penas y las efímeras alegrías. Cuántos sentimientos que se diluyeron, intenté que no se fueran como humo, por eso escribo poesía, porque amo el amor, la vida y la belleza.

2.-Derivado de sus enfermedades y encerrado en su finca afuera de Madrid, muy lejos de sus seguidores, de la fama y de sus giras exitosas que nos hacían cantar, Camilo es llevado al hospital de emergencia ante una severa crisis por insuficiencia renal.

La primera canción que escuché de Camilo, fue la de Algo de mí, a principios de los setentas, yo era un pequeñín me gustaban las canciones de Leo Dan. Después con la velocidad del fuego una tras otra cada canción un grito de amor, frases poéticas y arreglos musicales que incitaban a cantar, a sentir, y mi adolescencia se fue llenando de desvelos y poesías. Se convirtieron en historias que queríamos vivir. En consolas, los discos de vinilo, sencillos y de larga duración; en grabadoras con los novedosos casetes. Nos sentíamos libres en la playa, en los bailes, en la plaza. Las canciones de Camilo Sesto nos embriagaron en los ojos de mujeres y en los vasos de licor. En la comunión de enamorarnos. Los años de éxito, cada tiempo corto, una portada, diez canciones, y se convertía en mi cronista musical y el encomendador de mi corazón. Tanto que se iluminaba mi sangre en los rostros, en las pasiones y refugios para el placer y el dolor. Las despedidas y las esquinas, allí estaba Camilo con su voz inconfundible. La música de la atmósfera, y el ambiente permanente. ¿Cómo olvidar Vivir así es morir de amor? ¿Cómo olvidar Perdóname? Y la condensación sentimental en cada momento de mi existencia. En mis memorias están los relatos de esa época de romanticismo, se llama Nogales. Allí un joven soñador que pierde a la novia que se casa con el que no quiere. Me cimbró. 

Camilo no se quiso hacer viejo físicamente, suspiraba como Dorian Gray. Siguió luchando contra el tiempo, seguía creyendo en su brillo.  No concebía que las generaciones viven en un vértigo impresionante, y sus canciones se fueron transformando en leyendas amorosas. Me marcó. En CD, memorias USB, YouTube. Su recital de despedida en Madrid, en octubre del 2010, verlo con todo el gusto, es mi vida un desierto con el viento a tu favor, es mi vida un infierno porque no tengo tu amor. Camilo frágil, débil, pálido, sus riñones no soportaron la melancolía y el domingo de madrugada, fallece, allí en una clínica lejos de los escenarios, de sus desplantes de hombre guapo. Lejos de su fuerza del alma y sus composiciones que más de alguna vez llevamos serenatas.

Antier, el viernes refugiado en mi guarida escuchaba los discos de 1983 y de 1984, nunca imaginé que ya se sentía muy enfermo rodeado de espejos. El sábado llegué cansado de noche, y recibo un Messenger, de la página oficial de Camilo, donde se informa de su fallecimiento.

Después fue develando de la triste realidad. No me contuve, me encerré y las terribles emociones alteraron mi cuerpo, mi ser, el pasado romántico que se hizo un presente terrible, el atroz paso del tiempo. Ya no puedo más, siempre se repite la misma historia. ¡¡Perdóname, sí hay algo que quiero eres tú!! Así se llenaron mis ojos de recuerdos.

Dos veces tuve la oportunidad de verlo cantar en vivo, una en Los Ángeles, California en el Anfiteatro de estudios Universal y en el Parque Agua Azul de Guadalajara. Estuvo presente en las fases cuando creía en el alma, sigo creyendo todavía. Mi homenaje es evocar algunos versos de sus canciones durante septiembre como consuelo ante el paso avasallante del tren del dolor, debo refugiarme en el amor.

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