Esos aduladores y falsos colaboradores que nunca faltan

Por Sergio Mejía Cano

Se dice que el presidente de la República Mexicana es el hombre más informado del país; pero también puede ser el hombre más engañado debido al hecho de que como no puede estar en todos lados ni enterarse de muchas cosas, se basa en lo que le dicen sus colaboradores, asistentes y demás allegados que, por la confianza que les pudiera tener lo cree a pie juntillas sobre lo que le informan o mitotean en todo caso.

Pero qué pasa cuando la mayoría o todos de esos que le informan, enteran y mitotean sobre respectivos asuntos no son más que puros aduladores que, con el fin de querer quedar bien le dicen al presidente en turno lo que quiere oír o escuchar o para no incomodarlo le informan que todo está bien y, desde luego, entre los pleitos palaciegos que nunca faltan, lo hacen indisponer en contra de otros de sus cercanos a los que quieren quitar de su camino, para seguir escalando en el escalafón político.

Suelen suceder estos casos de las intrigas, malas informaciones y hasta denostaciones de los mismos compañeros de gabinete ya sea el legal o el ampliado entre los mismos colaboradores de un gobernante no nada más del Poder Ejecutivo Federal, sino de los otros dos niveles: estatal y municipal, ya que en política nada está dicho en los planos medios. Un claro ejemplo se documentó en su momento en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) cuando se rumoró que Carlos Salinas de Gortari, siendo secretario de Programación y Presupuesto en ese sexenio, se confabuló con otros para ponerle piedras en el camino al entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Jesús Silva Herzog, a tal grado que lo obligo a renunciar a dicha secretaría de Hacienda al ponerlo en mal con De la Madrid echándole la culpa de todos los males financieros y el crecimiento de la paridad con el dólar.

Casos similares hay infinidad, pero este es uno de los más emblemáticos cómo se puede destruir una carrera política, para alcanzar la meta deseada: llegar más arriba, políticamente hablando; pues ni modo que el entonces presidente Miguel de la Madrid se pusiera a investigar por su cuenta lo que se decía estaba haciendo mal Silva Herzog, por lo que lo más probable era que le encargara a otros de sus allegados investigara a su secretario de Hacienda; pero, si a ese que le ordenó investigar estaba más allegado a Salinas de Gortari, pues he ahí el resultado de la renuncia de don Jesús Silva, porque a De la Madrid le llegaron los datos impulsados por Salinas de Gortari.

Se supone que todo gobernante se hace asesorar ya sea por su secretario particular y por otras personas a quienes les encarga los asuntos más inmediatos a su forma de gobernar; pero, si a ese secretario o demás personas cercanas al gobernante les cae mal otro miembro del Gabinete o les estorba para sus fines propios, pues lo más probable es que comiencen a bombardear al gobernante ya sea federal, estatal o municipal con información posiblemente falsa sobre determinado colaborador por no prestarse a chanchullos o malas artes en el sistema gubernamental o simplemente para que lo quiten y colocar ahí a alguien más allegado y que se preste a todas las disposiciones sin decir nada.

Y no es puro romanticismo puro, pues está visto y comprobado cómo muchos ahora exgobernantes de los tres niveles están caídos del mecate, han sido apresados y encarcelados, otros en franca huida, otros más siendo buscados por las autoridades, además de tener su otrora gran popularidad y aplausos por los suelos, convirtiéndose esos aplausos en mentadas recordándoles el 10 de mayo; y todo, por haberles hecho caso a sus más cercanos colaboradores sin poner en duda ni un ápice de lo que se le decía al oído.

Todo gobernante, hombre o mujer que se precie de ser congruente consigo mismo, cuando uno de sus secretarios o colaboradores más cercanos se le acerque para lisonjearlos, para comenzar después a hablar más de otros de sus colaboradores, debe tener presente siempre el beneficio de la duda, pues en todas esas adulaciones podría haber gato encerrado, por lo que tendría que hacer investigar a ese lisonjero, a ese lamebotas que por algo está denostando a otro compañero y más, si de quien se está expresando mal ocupa un puesto clave en su gobierno y, de ser posible, triangular o hasta quintuplicar esa investigación para verificar lo cierto o falso de las acusaciones que está oyendo, pues estaría pelón si nada más le hace caso a las primeras acusaciones, sin ir más allá de lo que se le dice a priori.

Sea pues. Vale.

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