Las bebidas energéticas, ampliamente disponibles en todo el mundo, representan un riesgo creciente para la salud de niños y adolescentes
Por: Agencias
Internacional; martes, 15 de julio del 2025.- Su consumo puede provocar desde cuadros de toxicidad similares a la hepatitis hasta episodios de euforia que alientan conductas impulsivas o incluso suicidas, advierten especialistas en salud.
A pesar de estos peligros, las regulaciones que restringen su venta a menores son escasas. En la mayoría de los países, los adolescentes pueden adquirir libremente estas bebidas, muchas de las cuales duplican la cantidad de cafeína diaria recomendada.
Esta desprotección está alimentada por el marketing de las más de 700 marcas existentes a nivel global, que promocionan sus productos como una solución rápida contra el cansancio. El efecto estimulante, combinado con sabores dulces y colores brillantes, disfraza los riesgos reales de su consumo.
Algunos países europeos como Lituania, Letonia y Polonia han prohibido la venta de estas bebidas a menores de edad. En México, recientemente se presentó una iniciativa similar, aunque enfrenta resistencia de las empresas del sector, una industria valuada en más de 75.000 millones de dólares en 2024, según la consultora Polaris.
¿Qué contienen estas bebidas?
El principal ingrediente de las bebidas energéticas es la cafeína, pero también suelen incluir taurina, ginseng, niacina, edulcorantes y otros aditivos que estimulan el sistema nervioso. Esta combinación produce una sensación temporal de alerta y energía, que puede durar entre 45 minutos y seis horas, explica Paola Silva Maldonado, doctora en Ciencias de Alimentos y Salud Humana.
Sin embargo, definir legalmente qué es una bebida energética se ha vuelto un obstáculo para avanzar en la regulación, ya que otros productos como refrescos de cola o incluso helados de chocolate también contienen cafeína.
Los primeros antecedentes de estas bebidas se remontan a 1950 en Japón, como sustituto de las anfetaminas prohibidas. Su popularidad global llegó en 1987 con la aparición de marcas como Red Bull, que transformaron su sabor y comercialización para el mercado masivo.
Frente a este panorama, expertos y legisladores insisten en la necesidad de normar su venta y consumo, sobre todo entre los sectores más vulnerables: niños y adolescentes, cuyo desarrollo físico y mental puede verse afectado por estos productos altamente estimulantes.





