Un cometa interestelar recién descubierto ha captado la atención de la comunidad astronómica mundial. Se trata del 3I/ATLAS, un objeto que proviene de otro sistema estelar y que, con sus 11,2 kilómetros de diámetro, supera en tamaño al Monte Everest, convirtiéndose en el mayor cuerpo interestelar jamás registrado.

El cometa fue detectado oficialmente el 1 de julio de 2025, aunque imágenes anteriores del Observatorio Vera C. Rubin ya lo habían captado sin identificarlo. Tras un análisis detallado, un equipo internacional de más de 200 científicos confirmó sus impresionantes dimensiones y su inusual trayectoria.

El físico teórico Avi Loeb, de la Universidad de Harvard, ha generado controversia al sugerir que la ruta del objeto “parece tener un propósito” y no descarta que 3I/ATLAS pueda estar dirigido de forma inteligente, insinuando incluso que podría tratarse de una nave extraterrestre. “Deberíamos considerar todas las posibilidades”, declaró Loeb en entrevista con WBZ-TV. Además, propuso desarrollar una escala similar a la de Richter para clasificar el riesgo de este tipo de fenómenos cósmicos, donde un “cero” represente un cometa común y un “diez”, un objeto con posible tecnología.

Sin embargo, estas declaraciones han sido recibidas con escepticismo por otros expertos. El astrónomo Chris Lintott, de la Universidad de Oxford, calificó estas ideas como un “disparate absoluto” y un “insulto al emocionante trabajo científico que se realiza para entender este fenómeno”.

Por su parte, la NASA informó que el cometa pasará más cerca del Sol el próximo 29 de octubre, y aunque no representa ninguna amenaza para la Tierra, su comportamiento y origen siguen generando debate tanto en círculos académicos como en redes sociales.

Más allá de las especulaciones, la llegada de 3I/ATLAS ofrece una oportunidad sin precedentes para estudiar objetos provenientes del espacio interestelar. Su tamaño, velocidad y trayectoria inusual ya lo han convertido en un caso histórico dentro de la astronomía moderna.

“Vemos muchas casas en la calle cósmica que se parecen a las nuestras”, concluyó Loeb. “Y es arrogante suponer que ninguna de ellas tenga residentes”.