Un descubrimiento reciente en el campo de la astronomía ha permitido a los científicos observar, por primera vez, las capas internas de una estrella masiva en proceso de explosión. Se trata de la supernova SN 2021yfj, ubicada a 2,200 millones de años luz de la Tierra, cuyo hallazgo podría cambiar la manera en que entendemos la formación de los elementos químicos que componen nuestro universo… y también nuestros cuerpos.
El evento fue detectado en septiembre de 2021 por un equipo internacional de astrónomos a través del telescopio Keck, en Hawái. Lo extraordinario del descubrimiento es que la supernova fue observada en el momento exacto en que comenzaba a desprenderse de sus capas internas, un proceso que normalmente ocurre de forma muy veloz y difícil de captar.
Las supernovas se producen cuando estrellas muy masivas –al menos ocho veces más grandes que el Sol– llegan al final de su vida y colapsan. Durante este proceso, las estrellas liberan al espacio sus capas internas compuestas por elementos químicos generados durante millones de años por fusión nuclear: desde hidrógeno y helio, hasta elementos más pesados como el silicio, el hierro e incluso el oro.
Este fenómeno, a menudo comparado con una cebolla cósmica, revela cómo, capa por capa, se forman los ingredientes fundamentales de la materia. Tal como lo explicó alguna vez el astrónomo Carl Sagan, “somos polvo de estrellas”: el oxígeno que respiramos, el hierro en nuestra sangre o el carbono de nuestro ADN fueron forjados en el interior de estos astros.
El astrofísico alemán Steve Schulze, uno de los líderes del estudio recientemente publicado en la revista Nature, explicó que esta es la primera vez que se observan de forma directa las capas internas –como las de silicio y azufre– de una supernova. Esto no solo representa un hito en la astronomía observacional, sino que también podría llevar al descubrimiento de un nuevo tipo de supernova.
Según los investigadores, no está claro qué provocó que la estrella liberara esas capas tan profundas. Se barajan varias hipótesis: desde la interacción con una estrella compañera, hasta vientos estelares extremos o incluso una explosión previa aún no comprendida del todo.
Este proceso de “desnudamiento estelar”, como lo llaman los científicos, permite estudiar con mayor precisión el ciclo de vida de las estrellas, desde su formación hasta su colapso. Los datos obtenidos podrían también facilitar en el futuro la recreación de condiciones estelares en laboratorio, abriendo la puerta a nuevas formas de estudiar la física del universo.
En definitiva, este hallazgo no solo arroja luz sobre los secretos del cosmos, sino que también nos recuerda que, en un sentido muy literal, todos compartimos un origen estelar.







