El objeto interestelar, del tamaño de Manhattan, se aproxima al Sistema Solar interior sin representar una amenaza directa para la Tierra.
El cometa 3I/ATLAS, recientemente descubierto por la NASA el 1 de julio de 2025, ha despertado un inusitado interés entre la comunidad científica, no solo por su tamaño y comportamiento atípico, sino por la intrigante posibilidad de que no se trate de un objeto natural. El reconocido astrofísico de Harvard Avi Loeb, junto a su equipo, ha sugerido que podría tratarse de un artefacto tecnológico de origen extraterrestre.
Con un diámetro estimado de más de 5 kilómetros y una masa superior a 33,000 millones de toneladas, 3I/ATLAS se convierte en el objeto interestelar más masivo jamás detectado, superando en varios órdenes de magnitud a sus predecesores, ‘Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Loeb y su equipo calcularon estos valores mediante el análisis de su aceleración gravitacional y la cantidad de gas y polvo que libera.
Una de las características más inusuales del cometa es su trayectoria: se acerca peligrosamente a los planetas Júpiter, Venus y Marte, pasando a solo 2.68 millones de kilómetros de la órbita marciana entre el 3 y el 5 de octubre de 2025. Aunque no representa una amenaza directa para la Tierra, su aproximación a estos planetas ha llamado la atención por lo que los investigadores consideran una posible “estrategia de reconocimiento”.
En un artículo publicado el 17 de julio de este año, Loeb, junto a los investigadores Adam Drowl y Adam Hibberd, planteó la hipótesis de que 3I/ATLAS podría ser una sonda interestelar con inteligencia activa, enviada con fines de observación… o algo más. “La hipótesis en cuestión es que 3I/ATLAS es un artefacto tecnológico. De ser así, existen dos posibilidades: que sus intenciones sean benignas o malignas”, afirman los científicos.
Entre los argumentos que sustentan esta posibilidad están su aceleración no gravitacional, su inusual acercamiento a los planetas interiores y su baja inclinación retrógrada —una órbita que gira en dirección opuesta a la de los demás cuerpos del sistema solar—, lo cual le permitiría, según Loeb, acceder al planeta Tierra con “relativa impunidad”.
Además, la trayectoria de 3I/ATLAS podría estar diseñada para permitir mediciones precisas de las órbitas y masas de los planetas, lo que, según el astrofísico, ayudaría a una inteligencia artificial a “preparar una estrategia óptima de aproximación al Sistema Solar”.
Este hallazgo vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la posibilidad de vida inteligente más allá de nuestro planeta y reabre la discusión sobre el verdadero propósito de algunos objetos cósmicos que cruzan nuestro vecindario estelar.
Por el momento, la comunidad científica seguirá observando de cerca al 3I/ATLAS. Como escribió Loeb: “Encontrar un objeto así es como hallar una aguja en un pajar intergaláctico”.







