Lo que comenzó como un espectáculo luminoso en los cielos al anochecer se ha convertido en una seria preocupación científica. Los satélites Starlink, desplegados por SpaceX —la empresa de Elon Musk—, primero sorprendieron a los aficionados a la astronomía con sus “trenes” de luces. Poco después, los astrónomos comenzaron a denunciar que estos artefactos arruinaban sus observaciones, dejando trazas blancas que atravesaban las imágenes de los telescopios. Musk prometió soluciones que nunca llegaron, y defendió que la comunidad científica debía avanzar hacia la observación espacial. Pero ahora, ni siquiera los telescopios fuera de la atmósfera están a salvo.

Un estudio reciente de la NASA, liderado por el astrofísico español Alejandro Serrano Borlaff, advierte que las constelaciones de satélites en expansión representan una amenaza seria también para instrumentos como el Hubble. La investigación —publicada en Nature— prevé que, si se cumplen los planes anunciados por compañías como Starlink, que han solicitado permisos para lanzar más de 500.000 satélites, al menos una de cada tres imágenes del Hubble quedará contaminada por la luz reflejada de estos artefactos. Para el futuro telescopio espacial europeo ARRAKIHS, la predicción inicial del estudio es aún más preocupante: hasta un 96% de sus imágenes podrían verse afectadas.

Actualmente, más de 9.000 satélites Starlink orbitan la Tierra, muchos de ellos a unos 550 kilómetros de altitud. Con un despliegue masivo de 560.000 satélites, la investigación estima que casi el 40% de las imágenes del Hubble y hasta el 99% de las obtenidas por SPHEREx —otro telescopio en órbita baja, lanzado en 2025— contendrían trazas visibles de estos dispositivos.

Borlaff advierte de que el impacto dependerá de las características de cada observación científica. “Si las imágenes pueden repetirse o combinarse, parte de la contaminación puede corregirse”, explica. Sin embargo, para estudios que dependen del momento exacto de la observación, o para la búsqueda de asteroides potencialmente peligrosos, estas interferencias podrían tener consecuencias significativas. En cualquier caso, señala que todos los telescopios verán reducida su calidad y profundidad de imagen.

ARRAKIHS responde: los cálculos del estudio no se ajustan al diseño final

ARRAKIHS, la primera misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) liderada científicamente por España, será lanzada a partir de 2030 para estudiar la materia oscura desde unos 800 kilómetros de altitud. Aunque la investigación de Borlaff advierte de un impacto masivo en este telescopio, los responsables del proyecto rebaten esa conclusión.

Rafael Guzmán, líder del equipo científico del proyecto, reconoce la calidad del estudio de Borlaff, pero afirma que su análisis es incorrecto respecto a ARRAKIHS. Según explica, el estudio utiliza un prototipo inicial en el que la cámara estaba orientada de forma tangencial al limbo terrestre, lo que aumentaba artificialmente la exposición a satélites. Sin embargo, el diseño final aprobado por la ESA sitúa al telescopio mirando en dirección opuesta a la Tierra, con un margen de giro de solo 60 grados. “Mirará al cénit; así, la cantidad real de satélites que cruzarán su campo de visión será muchísimo menor”, asegura Guzmán.

Carlos Corral, jefe del proyecto en la ESA, confirma esta evaluación y calcula que el impacto real será de apenas un 1% de imágenes afectadas. Recuerda, además, que ARRAKIHS está preparado para gestionar interferencias intensas como la de los rayos cósmicos, que pueden ser incluso más dañinas que las trazas de satélites. “Vamos a tomar 900 imágenes por galaxia. Si una queda arruinada, se repite. Para eso está diseñada la misión”, afirma.

Una preocupación creciente para la astronomía mundial

A pesar de las aclaraciones sobre ARRAKIHS, Corral subraya que el problema global persiste: “No es buena idea llenar el cielo de decenas de miles de satélites”. Tanto la contaminación lumínica como el aumento de basura espacial y el riesgo de colisiones amenazan la investigación astronómica, especialmente desde la Tierra. Pero, como concluye, “de ese problema no puedes escapar ni saliendo al espacio”.