Las principales potencias mundiales están destinando millones de dólares a influir sobre las plataformas de inteligencia artificial (IA), especialmente los modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini, Grok y DeepSeek, con el fin de moldear la percepción pública y promover sus propias narrativas. Estos países, incluidos Estados Unidos, China y Rusia, así como Israel y Turquía, luchan por controlar la información que los usuarios reciben a través de estas tecnologías, utilizando diversas tácticas, tanto públicas como subterráneas.
Entre las estrategias más comunes se encuentran la censura directa y la manipulación de contenidos mediante la saturación masiva de información, así como la optimización de motores digitales para que las respuestas de los Grandes Modelos de Lenguaje favorezcan ciertos puntos de vista. Con la creciente dependencia de estos sistemas para acceder a noticias, análisis y contexto sobre eventos globales, la influencia de estos actores en las respuestas de la IA se ha convertido en un campo de batalla crucial.
Las grandes corporaciones tecnológicas, como OpenAI, X, Meta y Alphabet, también están involucradas en este proceso. En respuesta a las presiones internas y externas, estas empresas han reconocido los llamados “sesgos liberales” en sus chatbots, y aseguran estar tomando medidas para corregirlos, con el fin de ofrecer respuestas más “neutrales”. Sin embargo, esto ha generado inquietud sobre el grado en que gobiernos y corporaciones pueden manipular la información que los usuarios reciben a través de estos sistemas.
Aunque algunos expertos siguen advirtiendo sobre el potencial de la IA para volverse autónoma en el futuro, por ahora estas tecnologías permanecen bajo el control de sus creadores y son susceptibles de ser influenciadas por gobiernos y corporaciones, que pueden alterar las respuestas de los chatbots a fin de avanzar sus propias agendas. La guerra de la propaganda se ha trasladado ahora a las plataformas de IA, convirtiéndolas en una herramienta clave en la lucha por influir en la opinión pública.
Un ejemplo de esta tendencia es el “Modo IA” de Google, que sintetiza información relevante de diversas fuentes y la presenta al usuario como resúmenes en la parte superior de los resultados de búsqueda. Este método, que facilita el acceso inmediato a la información, está ganando popularidad entre los usuarios. Según una encuesta de QuestionPro, un 32% de los encuestados usa frecuentemente el Modo IA, y un 40% lo hace ocasionalmente.
Los gobiernos también están entrando en la batalla de la información. Por ejemplo, Israel ha destinado 145 millones de dólares a una campaña global que busca promover las narrativas pro-Israel en línea, utilizando empresas estadounidenses, influencers y plataformas de inteligencia artificial. Según informes, el gobierno israelí planea gastar más de 500 millones de shekels en este esfuerzo, con el objetivo de contrarrestar las críticas que están ganando fuerza entre los jóvenes estadounidenses.
Con la proliferación de estas acciones, está claro que la manipulación de la información a través de plataformas de IA se está convirtiendo en una herramienta clave de la diplomacia moderna y la guerra de la propaganda.






