En su primer Miércoles de Ceniza como pontífice, el papa León XIV lanzó una fuerte advertencia sobre las “estructuras de pecado” presentes en los ámbitos político, económico, cultural e incluso religioso, en un contexto global que describió como “un mundo que arde”.

Desde El Vaticano, el Santo Padre inauguró el tiempo de Cuaresma con una homilía en la que reflexionó sobre el simbolismo de la ceniza, señalando que esta permite “sentir” el peso de los múltiples problemas que afectan al mundo actual. Mencionó, entre otras realidades, ciudades devastadas por la guerra, el debilitamiento del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos, la destrucción de ecosistemas, la pérdida del pensamiento crítico y el deterioro del sentido de lo sagrado.

El pontífice, elegido en mayo tras la muerte del papa Francisco, participó en la tradicional procesión en la colina romana del Aventino, que recorre desde la iglesia de San Anselmo hasta la basílica de Santa Sabina, uno de los templos más antiguos de Roma. En esta última presidió el rito de la imposición de la ceniza.

Durante su homilía, León XIV hizo un llamado a la Iglesia a fortalecer la comunidad y a abrirse especialmente a los jóvenes. Reconoció que hoy resulta difícil “reunir a las personas y sentirse pueblo”, pero subrayó que esta unidad no debe construirse desde posturas nacionalistas o agresivas, sino desde la comunión, donde cada persona encuentre su lugar.

Asimismo, invitó tanto a la Iglesia como a los pueblos a reconocer sus propios pecados. “El mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha entrado en los corazones”, afirmó, exhortando a asumir responsabilidades con valentía. Recordó que, aunque el pecado es personal, con frecuencia se manifiesta en auténticas “estructuras de pecado” que condicionan la vida social.

El Papa también destacó que muchos jóvenes, incluso en contextos secularizados, muestran una sensibilidad especial hacia el llamado del Miércoles de Ceniza y una profunda preocupación por la justicia. Por ello, instó a abrirles las puertas de la Iglesia y a asumir el carácter misionero de la Cuaresma, acercándose a quienes buscan respuestas y sentido.

Al finalizar la homilía, el Papa recibió la ceniza de manos del cardenal Angelo De Donatis, penitenciario mayor, y posteriormente impuso la ceniza a los cardenales y clérigos presentes en la celebración.

Con este mensaje, León XIV marcó el tono espiritual y social de su pontificado, centrado en la conversión, la responsabilidad compartida y la esperanza en medio de las crisis globales.