Mientras países como Guatemala y Colombia mantienen vigilancia por el incremento en la actividad de algunos de sus volcanes, en México también existen sistemas volcánicos que son monitoreados de manera permanente debido a su potencial eruptivo.

De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), un volcán se considera activo cuando ha presentado al menos una erupción durante los últimos 10 mil años, periodo geológico conocido como Holoceno, y conserva la posibilidad de registrar nueva actividad en un futuro, aunque no muestre señales visibles en el presente.

Los especialistas explican que los procesos geológicos ocurren en escalas de tiempo mucho mayores que la vida humana, por lo que la ausencia de una erupción reciente no significa necesariamente que un volcán esté extinto.

En México existen más de 2 mil volcanes inactivos o extintos, según el Servicio Geológico Mexicano. Muchas montañas, sierras y cerros que hoy forman parte del paisaje fueron volcanes hace decenas de miles de años y ya no representan un riesgo para la población.

Un ejemplo es el Ajusco, la montaña más alta de la Ciudad de México con 3 mil 930 metros sobre el nivel del mar, considerada un volcán extinto. En contraste, el volcán Xitle, también ubicado en la capital del país, forma parte de los sistemas volcánicos cuyo estudio ayuda a comprender la evolución geológica de la región.

Las autoridades mantienen vigilancia permanente sobre los volcanes activos del país para detectar cualquier cambio en su comportamiento y emitir alertas oportunas en caso de ser necesario. El monitoreo constante permite reducir riesgos para la población y fortalecer las acciones de prevención ante una eventual actividad eruptiva.

  1. Aunque la actividad volcánica puede generar preocupación, los especialistas subrayan que un volcán activo no implica una erupción inminente, sino que conserva el potencial de volver a entrar en actividad en algún momento de su evolución geológica.