El béisbol infantil mexicano volvió a escribir una página histórica. El representativo de la Asociación de Ligas Infantiles y Juveniles de la República Mexicana (ALIJBRM), integrado por jugadores menores de 12 años de la región 12 de Hermosillo, Sonora, conquistó de manera invicta la Cal Ripken World Series U12, disputada en Branson, Missouri.

El equipo mexicano consiguió ocho victorias sin conocer la derrota y se proclamó campeón tras superar en la gran final al representativo de Visalia, California. La hazaña revive uno de los capítulos más memorables del béisbol infantil mexicano: el campeonato conseguido en 1957 por los llamados Pequeños Gigantes de Monterrey.

Hace casi siete décadas, aquella generación de niños sorprendió al mundo al ganar 13 partidos consecutivos y conquistar el campeonato internacional. En la final, México derrotó 4-0 a La Mesa, California, con una actuación histórica del lanzador Ángel Macías, quien lanzó un juego perfecto, sin permitir hits, carreras, bases por bolas ni corredores en las almohadillas.

Antes de enfrentar a sus enormes rivales estadounidenses y canadienses, el entrenador César Faz les dejó una frase que se convertiría en símbolo de aquella generación: “No los vamos a cargar, les vamos a jugar”. Los pequeños regiomontanos hicieron realidad esas palabras y colocaron el nombre de México en lo más alto del béisbol infantil.

La hazaña de 1957 trascendió los diamantes. Los Pequeños Gigantes aparecieron en los principales medios de comunicación de México y Estados Unidos e incluso fueron recibidos en la Casa Blanca por el entonces presidente estadounidense Dwight Eisenhower.

Su historia alcanzó tal popularidad que posteriormente fue llevada al cine en una película protagonizada por los propios niños y César Faz. Así, una generación de pequeños beisbolistas se convirtió en un símbolo de esfuerzo, unión y orgullo mexicano.

Ahora, más de seis décadas después, los niños de Hermosillo escriben su propio capítulo. El campeonato de la ALIJBRM en la Serie Mundial Cal Ripken U12 demuestra que, en México, el talento y la pasión por el béisbol también pueden hacerse gigantes desde muy temprana edad.