Durante la Semana Mundial del Espacio, astrónomos anunciaron el descubrimiento de un exoplaneta con una característica extraordinaria: aparentemente nació de los restos expulsados por una estrella moribunda.

El planeta, bautizado de manera simbólica como “planeta Fénix”, se encuentra a unos 250 años luz de la Tierra, cerca de la constelación de Cetus. Es un gigante gaseoso ligeramente más grande que Júpiter y completa una vuelta alrededor de su estrella, una enana blanca, cada 4.4 días.

Los investigadores de la Universidad de Warwick, en Inglaterra, consideran que se trata del primer ejemplo conocido de un planeta formado alrededor de una enana blanca. A diferencia de planetas como la Tierra, que se formaron alrededor de estrellas jóvenes, este mundo habría surgido a partir del material expulsado por una estrella durante sus últimas etapas de vida.

La composición química del planeta es una de las principales evidencias. Los científicos encontraron elementos como niobio, cobre y zinc, presentes en materiales expulsados por algunas estrellas moribundas. Esto sugiere que el planeta se formó a partir de un disco de restos que rodeaba a la enana blanca.

Su cercanía a la estrella, sin embargo, hace que sea un mundo extremadamente hostil. La intensa radiación ultravioleta de la enana blanca está provocando que la atmósfera exterior del planeta se evapore, mientras parte de ese material cae nuevamente hacia la estrella.

Los investigadores utilizaron observaciones de los telescopios espaciales Hubble, TESS y FUSE, y esperan utilizar el Telescopio Espacial James Webb para obtener nuevas evidencias que permitan confirmar sus conclusiones.

El hallazgo también abre una posibilidad fascinante: los científicos creen que podrían existir otros planetas de segunda generación alrededor de enanas blancas. Incluso un planeta rocoso podría, en determinadas condiciones, permanecer durante miles de millones de años en una zona donde pudiera existir agua líquida.

Otro sistema extremo

La misma revista científica también publicó un segundo estudio sobre un sistema situado entre 300 y 500 años luz de la Tierra, en la constelación de Tauro.

Los astrónomos descubrieron una enana roja orbitando muy cerca de una enana marrón, un objeto que es demasiado pequeño para convertirse en estrella, pero mucho más masivo que un planeta.

Ambos objetos completan una órbita en apenas 87 minutos y están separados por una distancia ligeramente mayor que la mitad de la distancia entre la Tierra y la Luna. La gravedad de la estrella parece estar arrancando material de la enana marrón, que posteriormente se deposita sobre la superficie de la estrella.

Los investigadores señalaron que este sería el primer fenómeno de este tipo observado. La enorme cercanía entre ambos objetos es tal que toda su órbita cabría dentro del Sol.

Estos descubrimientos muestran que, incluso después de la muerte de una estrella, el material que deja atrás puede dar origen a nuevos mundos y sistemas astronómicos.