RIGOBERTO GUZMÁN ARCE

                                                         JIMMY

Brincaban la barda minutos antes de comenzar los partidos. Llegaban como parte de la aldea futbolera, de barrio, que desafiantes ingresaban a la cancha de fútbol de polvo y sol. Muchas veces sin uniforme completo, con el dorso desnudo y la camiseta colgada al hombro. Temibles, más de algún equipo sintió miedo al enfrentarse con ellos Si lectores, estoy escribiendo de los guerreros del balón del Barrio del Llano. Al encontrarme con Jimmy los sábados, evoco aquellos tiempos de triunfos y derrotas de los elementales recuerdos con el balón en los pies y el corazón estrujado por las guerras continuas que se tienen en un campo geométrico, similar a un juego de ajedrez agresivo y sin cuartel, llegando a los golpes de puños crispados después de que los pies no respondían en las tardes tumultuosas de reclamos colectivos. Rindo por medio de esta crónica, humilde homenaje a todos los guerreros del Llano. Jimmy los representa, pero también la nobleza que esconden en momentos, camaradería. Jugué con ellos, los conocí en los himnos de batallas para ganar los partidos sin dejarse de nadie. No se olvidan los nombres de “El Negro” Becerra, su hermano Juan, “Chupas” Lerma, “Güero Panadero”, los Bustamante, “Chechè”, León Meza, Luis Meza, “Sapito”, Liberato Puga. Tantos jugadores aguerridos y apasionados por los colores de sus equipos “Chivas” del Guadalajara, Inter, San Sebastián, Guadalajara Y.E.R. (significa y el resto) en las mañanas y tardes futboleras cuando Demetrio cuidaba instalaciones. Uno de los sobrevivientes llega fumando por una de las puertas de acceso a la Unidad Deportiva, es Jimmy. Tranquilamente compra un raspado y escucha las preguntas en el lugar de siempre. “¿Tú crees? desde los 10 años empecé a jugar fútbol—apunta para la cancha de béisbol—toda esa huizachera y había una plaza de toros. Jugué con un equipo que se llamaba Llaneros”. El hijo de Mauricio Flores Aguiar y de María Luisa Cruz, nació un 25 de enero del año 1948, quiere decir que 44 años de su existencia las ha dedicado a cuidar delanteros, y que los balones no perforen su meta. “Nuestro entrenador era “Lolo” Reyes. La cancha estaba más o menos por aquel lugar_ señala rumbo al frontón.  Me tocó jugar con balones de cuero que cuando se mojaban parecían de piedra, las porterías eran de madera que con el tiempo se doblaban los 48 travesaños”. Jimmy disfruta el raspado sabor Jamaica en medio de los pinos, atrás de las gradas, mientras se desarrolla el primer tiempo entre los equipos juveniles del Monumento contra Revolución. De cachucha con la marca Coca-Cola, desgastado pantalón de mezclilla, sandalias y camiseta del Veteranos color naranja y franjas amarillas. Cuenta que le pusieron el apodo porque de niño le gustaba el béisbol y había un pelotero aquí en el pueblo y otro en las grandes ligas apodado Jimmy; sus amigos le buscaron coincidencia física con el niño Mariano y se ganó el apodo con creces. Sonriente pinta sus recuerdos en la polvareda que se levanta y la algarabía de los años viejos que regresan en su barba canosa. Recuerda al Inter de Nacho Puga, León Meza, Isaac Bustamante, Lupillo Puga, de su carnal Santos, del Arietes, Palmeiras, Guadalajara, Polillas. Recuerda cuando se enroló con Veteranos, “he jugado allí casi toda mi vida”. Nos interrumpen los festejos de los goles y seguimos junto a la banca de madera. Cuando estabas pequeño, ¿a quién veías jugar? “A Cheo Muro, Toño Tovar, Paco, sabe cómo se apellidaba, después el Güero Canelo. Mi ídolo era uno que le decían “El Ratón”, también el famoso Octavio Muciño, oía el futbol por la radio y me emocionaba”. Es hermano de Luciano, Santos, José, Rosina, Ramona, Guadalupe, Victoria y de Matiana (fallecida). Fue trapichero, campesino, conserje de escuela y velador, hoy es el que cuida y protege, riega, poda la cancha del equipo “Toriles” ¿Para ti quienes fueron los mejores jugadores? Se queda pensando un poco “Portero, Lucas; Defensa, Arturo Ocegueda; Medio, Rubén Bustamante y Panchillo Sánchez; Delantero, Salvador García y Panchote González”. Le preguntó del actual: “Hay buenos entrenadores y los jóvenes juegan más rápido, pero, les falta la guerra de antes. Hayan visto un clásico de los Riquitos del Arietes contra los Llaneros del Guadalajara para que supieran cómo hay que jugar”. Me pidió permiso para depositar la cuchara y el vaso desechable. Regresa en el momento cuando se termina el primer tiempo y comenta que también ha jugado de delantero. En su carrera ha metido 30 goles, “se siente emocionante”. En un tiempo fue árbitro “no me gustó por tantas vigas que le echan a uno, pites bien o pites mal”. Jimmy está soltero, pero me cuenta que tiene una hija que está estudiando en Estados Unidos, se 49 llama Martha. Se le ponen los ojos sentimentales y esboza una sonrisa nostálgica. Repito, sigue la plática sobre otra pasión que lo domina: es beisbolista del equipo “Gavilanes” de la liga de segunda fuerza de Magdalena. Nos vemos rodeados de jóvenes en bicicletas y el árbitro pita el inicio del segundo tiempo mientras Jimmy se pierde entre los pinos. “Dijo mi papá que tu jefe y él fueron grandes amigos”. Volteo hacia un pino y el papá de Jimmy está concentrado en el partido de los jóvenes. Un anciano de lentes y sombrero que disfruta calladamente los partidos que juega el equipo del Monumento.