La capital del país enfrenta una crisis creciente de baches en sus calles, una situación que ha alcanzado un punto crítico tras el trágico accidente del pasado 10 de septiembre en el Puente de la Concordia, en Iztapalapa, donde la volcadura de una pipa de gas, presuntamente relacionada con el mal estado del pavimento, dejó al menos 30 personas fallecidas. En medio de señalamientos hacia la administración local por la falta de mantenimiento vial, las redes sociales han vuelto la mirada hacia Manuel Cantú, mejor conocido como El Potro.
Cantú, originario de Nuevo León, ha ganado reconocimiento nacional gracias a su labor como activista social e influencer, documentando en sus redes sociales la reparación de baches en distintos municipios del estado. Armado con una troca cargada de costales de asfalto, El Potro acude personalmente a los reportes ciudadanos para rellenar baches. Al concluir, deja su ya famoso sello: una herradura de caballo estampada sobre el asfalto, acompañado de su característica frase: “Y vamos a dar el pezuñazo, ándale compadre, Dios me los bendiga”.
Sus videos, que acumulan millones de reproducciones, no solo muestran una acción directa contra el deterioro urbano, sino que también han inspirado a miles de ciudadanos a exigir mejores condiciones viales. Su estilo auténtico y su compromiso han generado admiración y han puesto el tema en el centro del debate público.
Ahora, los habitantes de la Ciudad de México lo han convocado públicamente para que lleve su cruzada a la capital. Comentarios como “Potro, ven a la CDMX, aquí hay millones de baches por rellenar” o “Compadre, échenos la mano”, reflejan la urgencia con la que los capitalinos buscan alternativas ante la inacción de las autoridades.
La solicitud ciudadana no solo pone en evidencia la gravedad del problema vial en la CDMX, sino que resalta el impacto positivo que puede generar la combinación entre activismo social y presencia mediática. Para muchos, la labor de El Potro es un ejemplo de cómo la acción ciudadana puede tener efectos tangibles en la seguridad y calidad de vida de las personas.
Aunque su llegada a la capital aún dependerá de su agenda y recursos logísticos, el llamado ya está hecho y ha sido amplificado por medios y redes sociales. El caso de El Potro demuestra que, en tiempos donde la viralidad puede ser un catalizador del cambio, el activismo urbano puede convertirse en una fuerza real para transformar el entorno.




