Un estudio publicado en la revista Neurology señala que los cambios en los patrones de conducción pueden ser una señal temprana de deterioro cognitivo leve, incluso antes de que aparezcan síntomas evidentes de demencia. Conducir es una actividad compleja que requiere la integración de la memoria, la atención, la visión y los reflejos, por lo que cualquier alteración mental puede reflejarse rápidamente al volante.
La investigación, realizada durante diez años, encontró que las personas con deterioro cognitivo tienden a manejar menos, evitar conducir de noche, recorrer distancias más cortas y limitarse a rutas conocidas. También presentan menos variedad en sus viajes y realizan maniobras menos fluidas, como giros bruscos, a pesar de conducir más despacio.

El estudio destaca que el análisis de datos del automóvil, como velocidad, frenados, distancias y giros, permite detectar el deterioro mental con hasta un 82% de precisión, cifra que aumenta al 87% cuando se consideran factores como la edad y el nivel educativo. Esta tecnología ofrece una forma de vigilancia pasiva que puede alertar sobre problemas cognitivos entre visitas médicas.
Aunque el enfoque principal es la detección temprana, también se subraya la importancia de la prevención. Según los CDC, mantener un estilo de vida saludable —cuidar la salud cardiovascular, realizar actividad física regular, socializar, dormir bien y proteger los sentidos— puede ayudar a retrasar el deterioro mental y conservar la independencia y seguridad al conducir.






