RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                                                                      GUARIDA

¿Ya escribí sobre mi guarida? No recuerdo, pero hoy en esta noche me gustaría hacerlo por varios motivos. Cuando regresé a mi ciudad me costó trabajo adaptarme, buscaba en el rostro de los demás mi identidad, mi tiempo ganado o perdido. Después recorrer en calma los lugares y el polvo, las esquinas y los amigos. Ir descubriendo recuerdos, juntar las lágrimas y las alegrías. No fue fácil porque Ixtlàn creció muy horrible desde los ochentas y fue devorando sembradíos y destruyendo casas que ya se fue el mundo que conocí. Nos llegó el tufo indispensable según los modernos, las ruinas quedaron marcadas hasta en mi alma. Viví casi cuatro años en el piso de arriba de la tienda de Teresa Jaime. Busqué construir mi casa como una manera de sentirme raíz en mi barrio, en la periferia donde nací. Después de esfuerzos titánicos estuvo lista y en el plano busqué claridad espaciosa y un estudio, un lugar para llenarlo de libros y flores, para que canten los pájaros y escuchar el tren a lo lejos. Sentir la lluvia y el atardecer, los rumores del viento, del tiempo y que mis ojos palpiten por la lejanía en una guarida dónde sea yo. Un lugar para el nacimiento de versos y conversaciones literarias conmigo mismo. Tengo dos libreros blancos en huecos establecidos. Puerta blanca de madera, los 18 metros cuadrados de colores tenues, algunos carteles, ojalá que me decida a poner los diplomas de mis travesías. Vitropiso blanco donde caben una mesa, la silla de ratán y una cama. Está la computadora, cartones de archivo y los libros recogidos en las siembras, en los temporales, en el sendero del amor. La ventana donde me acompaña las luces de estaciones. Aquí estoy escribiendo para ti, escribiendo con gusto y creyendo que en tiempos de crisis surge lo peor de nosotros, pero también lo mejor. No estamos solos, nuestra soledad no existe estamos juntos con el simple acto de leerme.

Es real y alucinante volver a sentir las emociones intactas tal cómo quedaron plasmadas estando en el proceso de rescatar escritos de cartones, ir por las fragmentaciones, las historias de años qué parecían lejanos y que basta abrir alguna carpeta física para volver a los ejercicios de recordatorios, es ceremonia de la prosa, es descubrir que el fuego no se extinguió a pesar de mis olvidos, que las transiciones de viajes, mudanzas y geografías no hicieron mella al original, a la luz de Ameca, de Carrizo Norte, del Rosario, Etzatlàn y más, están intactas las memorias emocionales, vuelvo a sentir lo mismo aunque ya no sea aquel, ya tengo otra percepción y la esencia queda lo que cambia es el estilo y el escribir diario fue ensayo para desempolvar archivos cerebrales. Me genera alegría cuando me quise enseñar a escribir a máquina con el artefacto que se tenía en Casa Nicaragua en las noches solitarias de Pico Boulevard. Pobre de mí en busca de mis ideales. Vivo la vida que deseo, puedo tocar el Universo, puedo conocer de qué color son los labios de estrellas, el río más profundo de aguas de colores, conozco los sueños porque los acaricio. Bendita escritura que me ha salvado tanto, siempre vuelvo a ella como manantial infinito de pasiones y de palabras encendidas. Estoy en la guarida acechando para descubrir la siguiente frase que me otorga la paciencia y la inspiración.  Sigo creyendo en la humanidad y estoy preparado para lo que sigue, martes suave de creaciones. Me da pesar recibir invitaciones de diferentes escuelas para ser jurado del famoso concurso de altar de muertos, el compromiso anticipado con la Unidad Académica De Ixtlán. 

Era necesario, lo necesitaba, porque de pronto sin darme cuenta toma mi vida caminos de velocidades escalofriantes. Cuando reacciono por las frenéticas actividades busco refugiarme en una de las pasiones y la lindura de la música. Sé lo importante que significa realizar labores comunitarias, el participar para que la comunidad descubra el potencial organizativo y fraternal que poseemos, no resulta fácil, se requiere seguir y seguir. Ya existen señales que existe vida más allá de los partidos políticos y sus dirigentes. Cuando me siento agobiado me voy a mi guarida a tener de nuevo mis melancolías, de diferentes colores y me llueven los recuerdos, cálido, reconfortante y mi espíritu enciende mi cuerpo, mis sentidos. Es una ramificación de ríos que desde mi corazón se diseminan por todo mi ser y me faltan palabras, creo que así es la magia.De YouTube surgen mis canciones de Eagles, Fleetwood Mac, Queen, Peter Frampton, Paul Young y más. Con audífonos me conecto a la electricidad y pasan las horas y deseo que nada me intoxique del exterior, estoy conmigo, una conversación que es profunda y amorosa porque conozco que la creación literaria, la poesía, está como mariposas eléctricas y sucesión de lunas en mis ojo