En medio de la lucha constante contra el Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo, surge una propuesta innovadora y esperanzadora desde el corazón de Buenos Aires: el tango como herramienta terapéutica.
Desde hace 15 años, el Hospital Ramos Mejía organiza talleres de tango especialmente dirigidos a personas con Parkinson. Esta iniciativa, que reúne a alrededor de 200 participantes, ha demostrado ser más que una simple actividad recreativa: es una forma efectiva de rehabilitación física, cognitiva y emocional.
El tango como medicina
La doctora Nélida Garretto, neuróloga del proyecto, explica que el tango es una “danza caminada”, ideal para abordar uno de los principales síntomas del Parkinson: los trastornos en la marcha. La práctica de esta danza permite trabajar la coordinación, el equilibrio y la fluidez del movimiento, aspectos que suelen deteriorarse con el avance de la enfermedad.
Por su parte, la neuróloga Tomoko Arakaki detalla que movimientos clásicos del tango, como el “ocho”, son especialmente útiles para superar bloqueos motores o “congelamientos”, frecuentes en estos pacientes.
Más que ejercicio: una experiencia emocional y social
Pero los beneficios no se detienen en lo físico. Los participantes también destacan el impacto emocional y social del programa. Lidia Beltrán, de 66 años y diagnosticada hace dos, asegura que bailar le mejora el estado de ánimo: “Mañana seguro me siento mejor porque hoy bailé tango”. Emilia, de 86 años, comparte cómo esta actividad le devuelve la felicidad cada martes, evocando recuerdos de juventud.

El neurólogo Sergio Rodríguez señala que las evaluaciones anuales muestran mejoras en áreas motoras, cognitivas, de equilibrio y marcha. Además, se fortalecen los vínculos sociales entre los participantes, generando un entorno positivo que favorece el tratamiento.
¿Por qué bailar ayuda con el Parkinson?
Diversos estudios científicos respaldan el impacto del baile como actividad terapéutica para el Parkinson. Según investigaciones publicadas en Clinical Parkinsonism & Related Disorders y Healthcare, bailar:
- Mejora la movilidad y el equilibrio.
- Reduce el estrés, la ansiedad y los síntomas depresivos.
- Estimula las funciones cognitivas al exigir atención, memoria y respuesta a estímulos rítmicos y espaciales.
- Aumenta la confianza y el disfrute personal, generando una percepción general de bienestar.
El ejercicio como protector del cerebro
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) destacan la importancia de la actividad física regular para mantener la salud cerebral, prevenir enfermedades como la demencia y mejorar la calidad de vida en adultos mayores.

Actividades como el baile, correr o incluso caminar ayudan a preservar la memoria, la capacidad de aprendizaje y la función ejecutiva del cerebro. En personas con Parkinson, el ejercicio contribuye además a mantener la fuerza muscular, la flexibilidad y la estabilidad emocional.
Movimiento, música y esperanza
El tango terapéutico en Argentina es un claro ejemplo de cómo el arte puede trascender el entretenimiento y convertirse en una herramienta poderosa para sanar, conectar y mejorar vidas. En un contexto global donde el Parkinson continúa en aumento, iniciativas como esta ofrecen una alternativa alegre y efectiva para enfrentar la enfermedad, paso a paso… al compás del bandoneón.





