Desde su descubrimiento el 1° de julio de este año por el Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS) en Río Hurtado, Chile, el cometa 3I/ATLAS ha despertado un enorme interés en la comunidad científica internacional. Este cuerpo celeste, que proviene de una galaxia distinta a la nuestra, viaja a una velocidad impresionante por el espacio y, aunque pasará relativamente cerca de la Tierra en diciembre, la NASA ha confirmado que no representa ningún peligro de impacto.
Un visitante intergaláctico único
El 3I/ATLAS es apenas el tercer cometa interestelar detectado hasta la fecha, después de 1I/ʻOumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Su composición —una mezcla de hielo, roca y gases congelados— hará que, a medida que se acerque al Sol, desprenda una brillante estela de cristales de agua y polvo.
El 29 de octubre cruzará el perihelio, el punto más cercano de su órbita al Sol, entre Marte y la Tierra. En ese momento comenzará un proceso de erosión acelerado debido al aumento de temperatura, generando una cola visible más extensa.
Su paso por la Tierra y Marte
De acuerdo con la Agencia Espacial Europea (ESA), que colabora con la NASA en su observación, el cometa alcanzará su máxima aproximación a la Tierra el 19 de diciembre, cuando estará a 240 millones de kilómetros de distancia, más de 1,5 veces la distancia entre la Tierra y el Sol. Aunque su cercanía ha generado curiosidad, su trayectoria lo mantendrá al otro lado del Sol, por lo que no implica ningún riesgo.
El pasado 3 de octubre, 3I/ATLAS pasó cerca de Marte, lo que permitió obtener mediciones preliminares sobre su estructura y comportamiento.
Un viajero veloz y antiguo
Los astrónomos calculan que el cometa viaja a 60 kilómetros por segundo (210 000 km/h), la velocidad más alta jamás registrada para un objeto de su tipo dentro del Sistema Solar. Para ponerlo en perspectiva, la Tierra gira sobre su eje a solo 30 km/s.
Los expertos creen que el cometa fue expulsado de su sistema de origen por la influencia gravitacional de un planeta gigante, lo que explica su gran velocidad. Además, estiman que tiene miles de millones de años, un testimonio de su largo viaje interestelar.
Observación y seguimiento internacional
Las observaciones del Telescopio Espacial Hubble revelaron una estela de polvo y gases liberados desde la superficie calentada por el Sol, compuesta de agua, dióxido y monóxido de carbono, sulfuro de carbonilo e hielo. Aunque es demasiado rápido para que una sonda espacial pueda alcanzarlo, tanto la NASA como la ESA han puesto en marcha todos los telescopios disponibles para estudiarlo.
Además del Hubble, el Telescopio Espacial James Webb participa en la investigación, junto a misiones interplanetarias como Mars Express, el Orbitador de Gases Traza de ExoMars y el Explorador de Lunas Heladas de Júpiter (Juice), que también contribuirán a recopilar datos en los próximos meses.






