Los tratamientos contra el cáncer de mama pueden afectar la salud ósea y aumentar el riesgo de osteoporosis y fracturas, por lo que especialistas recomiendan incorporar el cuidado de los huesos desde el inicio del tratamiento oncológico.
Según expertos de la Cleveland Clinic, el cáncer de mama no daña directamente el esqueleto. Sin embargo, algunas terapias utilizadas para combatir la enfermedad reducen los niveles de estrógeno, una hormona fundamental para mantener la densidad mineral ósea. Esta disminución puede producirse por medicamentos específicos o por una menopausia inducida durante el tratamiento.
Entre los tratamientos con mayor impacto sobre los huesos se encuentran los inhibidores de la aromatasa, como el anastrozol, utilizados principalmente en mujeres posmenopáusicas. Estos fármacos disminuyen la producción de estrógeno y pueden acelerar la pérdida de masa ósea. En cambio, otros medicamentos como el tamoxifeno pueden incluso contribuir a proteger la densidad ósea en algunas pacientes.

La quimioterapia también puede influir en la salud de los huesos de forma indirecta. En mujeres jóvenes, puede provocar menopausia precoz, lo que reduce anticipadamente los niveles de estrógeno y aumenta el riesgo de osteoporosis.
Para prevenir complicaciones, los especialistas recomiendan realizar estudios de densidad mineral ósea mediante densitometría DXA antes de iniciar el tratamiento y repetirlos periódicamente según el nivel de riesgo de cada paciente. Este seguimiento permite detectar cambios tempranos y aplicar medidas de protección oportunamente.
Además, se aconseja mantener hábitos saludables, como llevar una alimentación equilibrada rica en frutas, verduras y proteínas magras, practicar actividad física con carga —como caminar o realizar ejercicios de fuerza—, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol y asegurar una adecuada hidratación. En algunos casos, pueden indicarse suplementos de calcio y vitamina D.
Cuando existe osteoporosis o un alto riesgo de fracturas, los médicos pueden recomendar tratamientos específicos para fortalecer los huesos, como bisfosfonatos o denosumab.

Los especialistas destacan la importancia de consultar al médico ante síntomas como dolor óseo persistente, pérdida de estatura, encorvamiento progresivo o fracturas tras caídas leves, ya que estos signos pueden indicar fragilidad ósea y requerir una evaluación especializada.
La prevención y el monitoreo continuo son fundamentales para preservar la calidad de vida de las personas que reciben tratamiento contra el cáncer de mama y reducir las complicaciones asociadas a la pérdida de masa ósea.







