El sobrepeso y la obesidad no solo representan un problema físico en la infancia, también tienen un profundo impacto en el cerebro de los niños y en su desarrollo emocional. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estos padecimientos influyen negativamente en funciones cognitivas fundamentales, especialmente en la toma de decisiones emocionales.

La investigación, realizada en el Laboratorio de Neuropsicología y Cognición de la Facultad de Psicología de la UNAM, analizó a 73 niñas y niños de entre 7 y 12 años con sobrepeso u obesidad. Los participantes utilizaron una plataforma llamada EFECS, diseñada para evaluar funciones ejecutivas como la inhibición y la flexibilidad cognitiva, así como aspectos de cognición social como el reconocimiento de emociones, errores y lenguaje pragmático.

La doctora Maura Jazmín Ramírez Flores, investigadora de la Facultad de Psicología, explicó que los menores con sobrepeso mostraron mayores dificultades en la memoria de trabajo verbal, mientras que su memoria de trabajo visual resultó relativamente mejor. Esta diferencia podría estar relacionada con los tipos de alimentos que consumen habitualmente.

Durante su conferencia “Niñas y niños con obesidad y sobrepeso ¿Hay cambios en el cerebro?”, Ramírez Flores destacó que el cerebro infantil se encuentra en pleno desarrollo, y que el funcionamiento ejecutivo —encargado de procesos como el juicio, la memoria, el control de la conducta y la toma de decisiones— se ve comprometido cuando existe obesidad. Estos procesos tienen lugar en la corteza prefrontal, una región que madura en dos etapas clave: de los 3 a 5 años y de los 13 a los 26 años.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad infantil como una acumulación de grasa no saludable en función de la edad, sexo y estatura. Se estima que a nivel mundial 37 millones de niños de 3 a 5 años tienen sobrepeso, cifra que aumenta a 390 millones en la población de 5 a 19 años, con 160 millones diagnosticados con obesidad.

Además, se ha observado que tanto en niños como en adultos con estos padecimientos, hay una menor capacidad para inhibir impulsos relacionados con el consumo de alimentos. Esto se asocia con alteraciones en los circuitos cerebrales de la recompensa, la memoria, la motivación y el control de la conducta.

En el caso de México, el Instituto Nacional de Salud Pública reportó, a través de la encuesta ENSANUT Continua 2020-2022, que más del 50% de los preescolares consumen regularmente botanas, dulces y postres; 45% ingieren cereales azucarados, y hasta un 83% consumen bebidas endulzadas. Esta cifra asciende a 95% entre los niños en edad escolar.

Por otro lado, una investigación de la Universidad Autónoma de Nuevo León reveló que 69.3% de las madres y 27.9% de sus hijos presentan sobrepeso u obesidad, y que más del 8% de los niños muestran señales de adicción a la comida, lo que plantea la necesidad de analizar la influencia del entorno familiar y los hábitos heredados.

El estudio subraya la importancia de atender el sobrepeso infantil no solo desde el aspecto físico, sino también como un tema de salud mental y desarrollo neurológico, que puede tener efectos duraderos en la vida de niñas y niños.