Una mancha amarilla en los ojos no siempre tiene el mismo significado. Mientras que en algunos casos se trata de un crecimiento benigno relacionado con la exposición al sol, en otros puede ser un signo de una enfermedad hepática que requiere atención médica inmediata, de acuerdo con especialistas y organismos médicos internacionales.

La diferencia entre ambas condiciones radica en la apariencia de la coloración. Una mancha amarilla localizada en la parte blanca del ojo suele corresponder a una pingüécula, un crecimiento benigno asociado a la exposición prolongada a los rayos ultravioleta, el viento y el polvo. En cambio, cuando el color amarillo aparece de manera uniforme en la esclerótica de ambos ojos, puede tratarse de ictericia escleral, un signo de acumulación de bilirrubina en la sangre provocado por problemas en el hígado o las vías biliares.

Enfermedades hepáticas, entre las principales causas de muerte en México

La importancia de reconocer estas diferencias cobra mayor relevancia debido a que las enfermedades del hígado representan la cuarta causa de muerte en México. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI, entre enero y septiembre de 2025 se registraron 28 mil 383 fallecimientos por estos padecimientos. El 71.8% de las muertes correspondieron a hombres y el 28.2% a mujeres, concentrándose principalmente en personas de 45 años o más.

Pingüécula y pterigión: lesiones relacionadas con el sol

La Academia Americana de Oftalmología explica que la pingüécula es un pequeño crecimiento amarillento que aparece generalmente en el lado del ojo más cercano a la nariz. Puede contener depósitos de proteínas, grasa o calcio y, por lo general, no afecta la visión.

Si este tejido continúa creciendo, puede evolucionar hacia un pterigión, una lesión carnosa con vasos sanguíneos que invade la córnea y, en casos avanzados, puede provocar astigmatismo o afectar la visión si alcanza el centro de la pupila.

Especialistas señalan que ambas lesiones están relacionadas con la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, especialmente en personas que trabajan al aire libre o viven en regiones soleadas, cálidas y secas. Un estudio del Instituto de Investigación Multidisciplinaria Perspectivas Globales estima que la prevalencia mundial del pterigión es de 10.2%, con mayor frecuencia en países ubicados entre los 0 y 40 grados de latitud, zona donde se encuentra México.

Ictericia: una señal de alerta del organismo

A diferencia de la pingüécula, la ictericia escleral no es una enfermedad, sino un signo clínico que indica un exceso de bilirrubina en la sangre. Según los Manuales MSD, esta coloración amarilla se hace visible cuando los niveles de bilirrubina superan los 3 miligramos por decilitro, mientras que los valores normales son inferiores a 1 miligramo por decilitro.

La bilirrubina es un pigmento amarillo que se produce durante la degradación normal de los glóbulos rojos. Cuando el hígado, la vesícula biliar o las vías biliares no logran eliminarla correctamente, se acumula en el organismo y uno de los primeros lugares donde se manifiesta es la esclerótica.

Entre las causas más frecuentes se encuentran la hepatitis viral, la cirrosis, la enfermedad hepática relacionada con el consumo de alcohol, el daño por medicamentos, los cálculos biliares, algunos tumores pancreáticos y la anemia hemolítica.

¿Cómo distinguirlas?

Los especialistas indican que la principal diferencia está en la distribución del color amarillo.

La pingüécula aparece como una mancha localizada, generalmente en un solo lado del ojo, mientras que la ictericia tiñe de amarillo toda la parte blanca de ambos ojos de manera uniforme.

Además, la ictericia puede presentarse junto con otros síntomas como orina oscura, heces de color claro, fatiga intensa y comezón generalizada en la piel. La presencia de estas señales amerita una valoración médica inmediata, ya que podrían indicar una enfermedad hepática que requiere diagnóstico y tratamiento oportunos.