Un estudio internacional descubrió cómo el factor de von Willebrand puede favorecer la formación de pequeños coágulos después de retirar con éxito una obstrucción cerebral. El hallazgo abre una posible vía para mejorar la recuperación de pacientes con accidente cerebrovascular isquémico.

Cuando una arteria del cerebro queda bloqueada por un coágulo, el tejido cerebral deja de recibir oxígeno y las neuronas comienzan a morir en cuestión de minutos. Este evento, conocido como accidente cerebrovascular (ACV) isquémico, es el tipo más frecuente de ACV.

Aunque actualmente existen tratamientos capaces de retirar el coágulo y restablecer el flujo sanguíneo, el procedimiento no siempre logra evitar el daño neurológico. Hasta la mitad de los pacientes puede continuar con complicaciones importantes incluso después de que la obstrucción principal haya sido eliminada.

Ahora, un estudio publicado en la revista científica PNAS identificó un posible mecanismo detrás de este fenómeno, conocido como “no reflow”, en el que los vasos sanguíneos pequeños del cerebro no consiguen recuperar adecuadamente la circulación.

Una proteína que puede convertirse en un problema

La investigación, realizada por científicos de instituciones de Estados Unidos, Canadá y Europa, señala al factor de von Willebrand (FvW) como uno de los principales responsables.

Esta proteína cumple normalmente una función esencial: ayuda al organismo a detener las hemorragias cuando un vaso sanguíneo resulta dañado. En condiciones normales permanece compacta dentro de los vasos y se activa cuando es necesario.

Sin embargo, después de un ACV, el flujo sanguíneo puede volverse irregular y caótico tras la extracción del coágulo. Según los investigadores, determinados movimientos de la sangre pueden estirar el FvW hasta convertirlo en una estructura alargada capaz de atraer plaquetas y favorecer la formación de microcoágulos.

Estos pequeños coágulos pueden obstruir los vasos sanguíneos más diminutos del cerebro y dificultar nuevamente la llegada de sangre al tejido que acaba de sufrir el ACV.

El papel de la inflamación

El estudio también encontró un segundo elemento importante: la interleucina-6 (IL-6), una molécula relacionada con la respuesta inflamatoria.

Después de un ACV, el cerebro sometido a estrés puede liberar IL-6. Esta sustancia interfiere con la actividad de la enzima ADAMTS13, cuya función es controlar al factor de von Willebrand y limitar su actividad mediante su fragmentación.

Cuando la IL-6 reduce la acción de ADAMTS13, el FvW puede permanecer activo durante más tiempo y favorecer la aparición de microcoágulos. Los investigadores describen esta combinación como una especie de “tormenta perfecta” que contribuye al daño vascular después de recuperar el flujo principal.

Los científicos observaron el fenómeno en tiempo real

Para estudiar el proceso, los investigadores utilizaron diferentes métodos. En modelos de ratones con ACV isquémico emplearon microscopía intravital, una técnica que permite observar en tiempo real lo que ocurre dentro de los vasos sanguíneos.

Tras retirar el coágulo, observaron que la sangre no siempre recuperaba un movimiento normal. En algunos vasos el flujo era irregular, presentaba pausas, reinicios e incluso cambios de dirección.

Posteriormente, los investigadores reprodujeron estas condiciones mediante modelos computacionales. Las simulaciones mostraron que determinados patrones de flujo, especialmente aquellos en los que la sangre converge, pueden favorecer el despliegue del factor de von Willebrand.

Finalmente, el equipo analizó muestras de sangre de pacientes con ACV. Los resultados mostraron que las personas con niveles más elevados de IL-6 también presentaban una mayor actividad del FvW y peores resultados clínicos a largo plazo.

En experimentos de laboratorio, al bloquear la IL-6, la enzima ADAMTS13 recuperó parte de su capacidad para controlar al factor de von Willebrand.

Un posible nuevo objetivo para tratar el ACV

El descubrimiento podría abrir una nueva línea de investigación para complementar los tratamientos actuales contra el ACV. Los investigadores consideran que el factor de von Willebrand podría convertirse en un blanco terapéutico para evitar la formación de microcoágulos después de recuperar el flujo sanguíneo.

El interés aumenta porque ya existen medicamentos dirigidos contra el FvW que fueron aprobados para tratar otras enfermedades. Esto podría facilitar futuras investigaciones para determinar si alguno de estos tratamientos puede ser útil en pacientes con ACV.

Sin embargo, los científicos advierten que todavía se trata de una investigación en una etapa temprana y que serán necesarios estudios adicionales, incluidos ensayos clínicos, para determinar si intervenir sobre el FvW o la IL-6 puede mejorar realmente la recuperación de los pacientes.

El hallazgo ofrece, de todos modos, una explicación más precisa de uno de los grandes desafíos posteriores a un ACV: aunque el coágulo principal sea retirado y la circulación se restablezca, los vasos más pequeños pueden permanecer bloqueados por microcoágulos.

Comprender la interacción entre el factor de von Willebrand, la IL-6 y la enzima ADAMTS13 podría permitir desarrollar nuevas estrategias para proteger el cerebro durante las horas críticas posteriores a un accidente cerebrovascular y mejorar las posibilidades de recuperación neurológica.