El Príncipe y la Princesa de Gales, William y Kate, se preparan para comenzar un nuevo capítulo en Forest Lodge, una majestuosa mansión georgiana ubicada en el corazón de Windsor Great Park, valuada en 21 millones de dólares. Sin embargo, lo que podría haber sido una historia de estabilidad familiar y nuevos comienzos ha generado controversia, luego de que dos familias fueran desalojadas para garantizar la privacidad de los royals.

Tras mudarse en 2022 al Adelaide Cottage, la pareja y sus tres hijos —el príncipe George, la princesa Charlotte y el príncipe Louis— se alistan para instalarse en su nuevo hogar antes de Navidad. A diferencia de otras residencias reales, Forest Lodge fue remodelada con fondos personales del príncipe y la princesa, y está pensada como su residencia permanente, incluso cuando William ascienda al trono, lo que lo convertiría en el primer monarca británico en vivir fuera de un castillo tradicional.

La propiedad, de más de 300 años de antigüedad, cuenta con ocho habitaciones, seis baños, una cancha de tenis y amplios terrenos rodeados de naturaleza. Aparentemente, reúne todas las condiciones necesarias para criar a sus hijos de forma “lo más normal posible”, lejos de la atención mediática que suele rodear a la familia real en Londres.

No obstante, según reportes del Daily Mail, dos familias que residían en casas de campo cercanas fueron desalojadas debido a que sus viviendas quedaban demasiado próximas a la nueva residencia real. Con el argumento de reforzar la seguridad y privacidad de los Gales, se les solicitó abandonar sus hogares. Aunque se les habría ofrecido reubicación dentro del mismo parque, la situación ha generado críticas por el impacto que estas decisiones tienen en ciudadanos comunes.

La mudanza a Forest Lodge simboliza el deseo de William y Kate de ofrecer una vida más tranquila y privada a sus hijos, pero también pone en evidencia los privilegios y tensiones que acompañan a la vida en la realeza británica.