Una investigación de la Universidad de Helsinki ha descubierto que la dislexia podría identificarse en el cerebro de los recién nacidos mucho antes de que aprendan a leer. El estudio muestra que este trastorno del aprendizaje, que afecta aproximadamente al 10% de la población mundial según la UNAM, deja señales claras de procesamiento cerebral atípico desde los primeros días de vida.
La dislexia dificulta la lectura y el reconocimiento de palabras, y generalmente se diagnostica en edad escolar. Sin embargo, este avance permitiría una detección e intervención tempranas, aprovechando la plasticidad del cerebro infantil para fortalecer las habilidades de lectura desde etapas muy tempranas.

Cómo se detecta la dislexia en recién nacidos
El equipo finlandés utilizó electroencefalografía (EEG), una técnica no invasiva que mide las respuestas cerebrales a los sonidos del habla. Mediante este método, los científicos analizaron cómo los bebés procesan los cambios auditivos, un proceso clave para el desarrollo lector.
El estudio se centró en dos indicadores principales:
- Respuestas de desajuste (MMR): muestran cómo el cerebro reacciona ante sonidos diferentes dentro de una secuencia.
- Patrones neurales de procesamiento: revelan diferencias entre bebés con y sin antecedentes familiares de dislexia.
Señales tempranas de riesgo
Los investigadores identificaron varios rasgos cerebrales vinculados a la dislexia:
- Amplitudes P1 y P-MMR atípicas, asociadas con un menor desarrollo de habilidades prelectoras.
- Procesamiento fonológico distinto en bebés con antecedentes familiares.
- Menor dominancia del hemisferio izquierdo, relacionado con una lectura más lenta y menor comprensión.
- Déficits posteriores en memoria auditiva y otras tareas cognitivas.
El antecedente familiar sigue siendo uno de los factores de riesgo más fuertes para desarrollar dislexia.
Tratamientos y apoyo educativo
Aunque la dislexia es un trastorno crónico, la intervención temprana puede marcar una gran diferencia. Según el Manual MSD, las estrategias más efectivas incluyen:
- Instrucción dirigida en habilidades fonológicas.
- Métodos multisensoriales, que combinan estímulos visuales, auditivos y táctiles.
- Estrategias compensatorias, como el uso de audiolibros.
- Estimulación temprana en el hogar, mediante actividades como hablar, cantar y escuchar música.
Un paso hacia la prevención
Este descubrimiento ofrece una herramienta científica para detectar la susceptibilidad a la dislexia desde el nacimiento, permitiendo iniciar el apoyo antes de que aparezcan las dificultades lectoras. Con ello, se abre la puerta a una educación más inclusiva y personalizada, que aproveche al máximo las capacidades del cerebro en desarrollo.







