El cáncer colorrectal ya no es una enfermedad exclusiva de los adultos mayores. En los últimos años, se ha convertido en el tipo de cáncer más mortal entre los estadounidenses menores de 50 años, un fenómeno que preocupa a la comunidad médica.

Desde 2005, la mortalidad en este grupo ha aumentado un 1,1 % anual, según datos de la Sociedad Estadounidense del Cáncer. Este año se estima que más de 158.000 personas serán diagnosticadas con la enfermedad en Estados Unidos y que más de 55.000 morirán por esta causa. Aunque en la población general los casos y muertes han disminuido ligeramente gracias a la detección temprana, entre los menores de 50 años la tendencia es inversa.

Un fenómeno que alarma a los expertos

El oncólogo John Marshall, del Centro Integral de Cáncer Lombardi de la Universidad de Georgetown, asegura que el aumento de casos en personas de 20, 30 y 40 años “nos está sacudiendo a todos”. Hace apenas unas décadas, era excepcional ver diagnósticos en estas edades.

Las muertes del actor Chadwick Boseman, protagonista de Black Panther, a los 43 años, y más recientemente la del actor James Van Der Beek, conocido por la serie Dawson’s Creek, a los 48, han puesto rostro a esta preocupante realidad.

¿Quiénes están en mayor riesgo?

Aunque la mayoría de los casos sigue concentrándose en personas mayores de 50 años —grupo en el que las muertes han disminuido alrededor de 1,5 % anual en la última década— los diagnósticos en adultos jóvenes han aumentado desde principios de los años 2000.

Entre los factores de riesgo a cualquier edad se encuentran:

  • Obesidad
  • Sedentarismo
  • Dieta alta en carnes rojas o procesadas y baja en frutas y verduras
  • Tabaquismo
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Enfermedad inflamatoria intestinal
  • Antecedentes familiares de cáncer colorrectal

Investigaciones recientes también apuntan al mayor consumo de alimentos ultraprocesados y a estilos de vida sedentarios como posibles factores asociados, aunque todavía no se ha demostrado una causa directa.

Los especialistas recomiendan aumentar el consumo de frutas, verduras y granos integrales, reducir la carne y limitar el alcohol. Además, un estudio reciente mostró que un programa de ejercicio de tres años mejoró la supervivencia y redujo la recurrencia en pacientes con cáncer de colon.

Síntomas que no debes ignorar

Detectar la enfermedad a tiempo puede marcar la diferencia: cuando se diagnostica en etapas tempranas, la tasa de supervivencia a cinco años puede alcanzar entre el 80 % y el 90 %. En fases avanzadas, puede caer hasta el 10 %–15 %.

Los síntomas más comunes incluyen:

  • Sangre en las heces o sangrado rectal
  • Cambios persistentes en los hábitos intestinales (diarrea, estreñimiento o heces más delgadas)
  • Pérdida de peso sin causa aparente
  • Dolor o calambres abdominales
  • Anemia inexplicable detectada en análisis de sangre

Los médicos insisten: no se deben ignorar estos signos, incluso en personas jóvenes.

¿Cuándo hacerse pruebas de detección?

Las guías médicas recomiendan que las personas con riesgo promedio comiencen las pruebas de detección a los 45 años. Sin embargo, quienes tengan factores de riesgo —como antecedentes familiares o enfermedades inflamatorias— deberían consultar con su médico para iniciar controles antes.

Las opciones incluyen:

  • Pruebas de heces anuales
  • Colonoscopias cada 10 años si no se detectan anomalías
  • Una prueba de sangre recientemente aprobada para mayores de 45 años

Las personas con alto riesgo suelen requerir colonoscopias más tempranas y frecuentes.

¿Por qué está aumentando en jóvenes?

La causa exacta sigue siendo desconocida. Algunos investigadores estudian el posible papel del microbioma intestinal y el desequilibrio de la microbiota (disbiosis), que puede provocar inflamación y aumentar el riesgo de cáncer. También se analiza si la ubicación de los tumores dentro del colon —que puede variar entre jóvenes y mayores— influye en la agresividad de la enfermedad.

Lo cierto es que el aumento de casos en adultos jóvenes representa uno de los mayores desafíos actuales en oncología. Mientras la ciencia busca respuestas, la prevención, la atención a los síntomas y la detección temprana siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el impacto de esta enfermedad.