La investigación por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa abrió una nueva línea de indagatoria relacionada con funerarias, el Servicio Médico Forense (SEMEFO) de Iguala y posibles vínculos con integrantes de una organización criminal.
De acuerdo con el informe de avances de la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el Caso Ayotzinapa (UEILCA) y la Agencia de Investigación Criminal, entre marzo y junio de 2026 fueron localizados 23 indicios en inmuebles asegurados como parte de esta investigación, entre ellos cientos de fragmentos óseos que continúan bajo análisis pericial.
Los primeros hallazgos de esta línea se remontan a octubre de 2025, cuando durante un cateo en la funeraria El Ángel, en Iguala, la Fiscalía localizó un fémur humano dentro de un cajón, un arma de fuego, documentación y un horno crematorio sin registro oficial. También fueron encontrados documentos oficiales con firmas y sellos, pero sin información previamente asentada.
Las autoridades han precisado que los restos localizados aún no han sido identificados. Los análisis buscan establecer si corresponden a restos humanos, determinar su antigüedad y, en su caso, establecer posibles coincidencias genéticas con personas desaparecidas.
La ruta hacia las funerarias
La nueva línea de investigación surgió a partir del reanálisis de comunicaciones de integrantes del crimen organizado. Según el informe, esas comunicaciones muestran contactos con personal de funerarias y del sector salud durante los días 26 y 27 de septiembre de 2014, fechas en las que desaparecieron los estudiantes.
La investigación señala que Rodolfo “N” y miembros de su familia eran propietarios de las funerarias bajo investigación, además de tener concesiones relacionadas con el SEMEFO y participar en la administración del panteón municipal.
Para la Fiscalía, esta circunstancia es relevante porque habría permitido a esas personas intervenir en distintas etapas relacionadas con el manejo de cuerpos, desde su levantamiento y posible identificación hasta su resguardo y eventual sepultura o incineración.
En agosto de 2025, además, las autoridades establecieron que Rodolfo “N” habría utilizado un equipo telefónico perteneciente a uno de los estudiantes desaparecidos.
Hallazgos en el SEMEFO de Iguala
El 8 de diciembre de 2025 se realizó el cateo y aseguramiento del SEMEFO de Iguala. Posteriormente, entre marzo y junio de 2026, se llevaron a cabo nuevas búsquedas tanto en ese inmueble como en otros relacionados con la investigación.
Entre los 23 indicios localizados se encuentran cientos de fragmentos óseos, prótesis dentales, restos biológicos, cartuchos y casquillos, además de documentación.
A petición de las madres y padres de los estudiantes desaparecidos, también participó el Equipo Argentino de Antropología Forense para reforzar los trabajos de análisis e identificación.
Uno de los hallazgos ocurrió el 26 de marzo de 2026, cuando fueron localizados restos humanos enterrados en el patio trasero del SEMEFO. Los estudios posteriores determinaron que uno de esos restos presenta una coincidencia genética con un fragmento que la Fiscalía había localizado en diciembre de 2021, a 123 kilómetros de distancia, en el camino a las antenas de Mezcaltepec, en Taxco.

Seis personas fueron vinculadas a proceso
Como parte de esta línea de investigación, el 17 de junio de 2026 una jueza de control libró órdenes de aprehensión contra seis personas. Las órdenes fueron cumplimentadas el 23 de junio en Iguala.
Seis días después, el 29 de junio, se dictó auto de vinculación a proceso, con prisión preventiva oficiosa y un plazo de tres meses para realizar la investigación complementaria.
Los delitos imputados son desaparición forzada de personas y ejercicio ilícito del servicio público.
Sin embargo, el propio informe establece que se trata de hipótesis que continúan bajo investigación. Las personas vinculadas a proceso no han sido sentenciadas, por lo que su responsabilidad penal todavía no ha sido determinada judicialmente.
A doce años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, esta línea de investigación representa uno de los desarrollos más concretos del último año, aunque la identificación de los restos encontrados y su posible relación con los estudiantes desaparecidos continúa pendiente de los análisis periciales.






