Aunque muchos los consideran una opción “más saludable” que el azúcar, los endulzantes artificiales podrían representar un riesgo para la salud. Así lo advirtió el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), que subrayó la importancia de promover políticas públicas para reducir su consumo entre la población.
De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), los edulcorantes son aditivos —naturales o artificiales— que se utilizan para dar sabor dulce a los alimentos y bebidas. Existen versiones calóricas y no calóricas, y su uso se ha popularizado por la creencia de que son más sanos que el azúcar tradicional.

Sin embargo, el Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP, a través de su cuenta de X (antes Twitter), señaló que la evidencia científica indica que estos productos no son inocuos. Su consumo frecuente se ha relacionado con el desarrollo de enfermedades crónicas como diabetes, cáncer y problemas cardiovasculares.

“Los edulcorantes se presentan como alternativas saludables, pero la evidencia demuestra que su uso prolongado puede provocar daños importantes a la salud”, indicó el instituto, que también instó a reforzar las estrategias de prevención y educación alimentaria.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2023 una directriz en la que desaconseja el uso de edulcorantes sin azúcar para controlar el peso corporal o reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles. Según la OMS, los estudios disponibles muestran que estos productos no ofrecen beneficios a largo plazo en la reducción de grasa corporal en adultos ni en niños.
El INSP enfatizó la necesidad de proteger la salud pública mediante regulaciones que limiten el consumo de productos con edulcorantes y fomenten una alimentación más natural y equilibrada.







