El primer ministro de Canadá, Mark Carney, reveló que su gobierno contempló escenarios de riesgo ante la posibilidad de una eventual intervención militar de Estados Unidos, en medio de las reiteradas declaraciones del presidente Donald Trump sobre su intención de convertir a Canadá en el “estado número 51” de la Unión Americana.
En una entrevista con The New York Times, realizada durante su visita a Manhattan con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Carney señaló que las autoridades canadienses tienen la responsabilidad de evaluar incluso los escenarios más extremos.
“Creo que en estos cargos se tiene la responsabilidad de considerar los riesgos extremos”, declaró el mandatario, quien anteriormente encabezó el Banco de Canadá y el Banco de Inglaterra. “Eso es simplemente gestión de riesgos. No es un escenario base, pero sería irresponsable no hacerlo”.

Carney no ofreció detalles sobre las medidas o planes que su gobierno habría considerado ante un eventual ataque estadounidense. Sus declaraciones, sin embargo, muestran que Ottawa tomó en cuenta las amenazas y comentarios provenientes de Washington como parte de sus evaluaciones de seguridad nacional.
Las relaciones entre Canadá y Estados Unidos, dos países que durante décadas han mantenido una estrecha alianza política, económica y militar, se han deteriorado desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, particularmente a raíz de sus declaraciones sobre la incorporación de Canadá a Estados Unidos.
Trump comenzó a plantear públicamente esta posibilidad a finales de 2024. En diciembre de ese año, escribió en su plataforma Truth Social que muchos canadienses querían que su país se convirtiera en el “estado número 51” y sostuvo que la incorporación permitiría reducir impuestos y garantizar protección militar.
Ese mismo mes, Trump se refirió al entonces primer ministro canadiense Justin Trudeau como “gobernador”, en una muestra de la retórica que posteriormente se convertiría en uno de los principales puntos de tensión entre ambos gobiernos.
Las declaraciones de Carney reflejan que, aunque una invasión estadounidense no era considerada por Ottawa como un escenario probable, el gobierno canadiense decidió analizarlo como parte de sus responsabilidades de gestión de riesgos.





