La ciencia ha permitido avances significativos en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad neurodegenerativa.

En México, se estima que al menos 20 mil personas viven con esclerosis múltiple, una enfermedad inflamatoria del sistema nervioso central, considerada neurodegenerativa y, hasta el momento, incurable. A nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 2.8 millones de personas padecen esta condición y cada cinco minutos una persona es diagnosticada con ella en el mundo.

Uno de los grandes avances científicos ha sido la mejora en los métodos de diagnóstico, lo que permite diferenciar con mayor precisión esta enfermedad de otras patologías similares. Además, hoy en día existen tratamientos innovadores y efectivos, adaptados a las características de cada paciente. Entre ellos, incluso el trasplante de médula ósea ha demostrado beneficios en algunos casos.

La neuróloga Verónica Rivas, especialista en esclerosis múltiple, explica que esta enfermedad se caracteriza por la aparición de placas desmielinizantes en el sistema nervioso central. “Los síntomas pueden ser muy variados y poco específicos, como fatiga, pérdida de visión, adormecimiento o dolor en distintas partes del cuerpo, por eso se le conoce como ‘la enfermedad de las mil caras’”, explicó.

La historia de Antonieta Sea, una mujer de 56 años, refleja el largo camino que muchos pacientes recorren antes de obtener un diagnóstico. “Yo comencé con síntomas muy indefinidos. Perdí la visión de un ojo en dos ocasiones, tenía dolores constantes, perdía la sensibilidad o me caía sin razón. Lo más difícil fue no saber qué tenía”, relata. Finalmente, tras acudir con un neurólogo, fue diagnosticada con esclerosis múltiple, lo que le permitió acceder al tratamiento adecuado y mejorar su calidad de vida.

Ahora, Antonieta se ha convertido en activista y fundó una asociación de pacientes con esclerosis múltiple, enfocada en brindar apoyo emocional y orientación. Subraya que vivir con esta enfermedad no es fácil: muchos pierden la movilidad, el empleo, la independencia y, en ocasiones, hasta el respaldo de sus familias. “Lo más importante es creer en uno mismo. Aunque los síntomas no siempre se vean, son reales. Siempre hay un camino por donde seguir”, afirma con esperanza.