Estados Unidos contempla la posibilidad de atacar instalaciones nucleares en Irán, y una de las piezas clave de esta estrategia sería el uso de la GBU-57/MOP, una de las bombas más poderosas del arsenal estadounidense. Con un peso de 13,600 kilogramos, esta arma es capaz de penetrar hasta 60 metros de roca, convirtiéndola en una opción ideal para atacar estructuras altamente protegidas como Fordow, la planta iraní de enriquecimiento de uranio situada bajo una montaña, a unos 100 km al sur de Teherán.
El diario The Wall Street Journal informó que el expresidente Donald Trump aprobó los planes presentados por el Pentágono, aunque aún no habría dado la orden final de ejecutar el ataque. Aunque Trump desmintió la veracidad del artículo, no negó explícitamente que los planes existan. La Casa Blanca señaló que la decisión final se tomaría en un plazo de dos semanas.
La planta de Fordow es considerada un objetivo prioritario debido a la detección por parte de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de uranio enriquecido con un nivel apto para fines militares. Aunque Israel ha mostrado gran interés en esta instalación, su arsenal actual —compuesto por bombas BLU-109 y GBU-28— no tiene la capacidad de penetración necesaria para destruirla. La GBU-28, por ejemplo, sólo alcanza una profundidad de 20 metros en roca o concreto reforzado.
Por eso, la GBU-57/MOP representa la única opción real para llevar a cabo una destrucción efectiva de Fordow. Esta bomba sólo puede ser lanzada desde bombarderos estratégicos como el B-2 Spirit, un avión “invisible” al radar que puede operar desde bases como Whiteman (Misuri) o Diego García, en el océano Índico. El B-52 también ha sido probado con esta bomba en algunos ensayos.
Uno de los factores que facilitarían el ataque es la supuesta destrucción reciente del 70 % de las baterías antiaéreas iraníes, según fuentes militares israelíes. Esto dejaría a Fordow expuesto a un posible bombardeo aéreo.
Aunque el poder destructivo de la GBU-57 es impresionante, los expertos advierten que un solo ataque podría no ser suficiente para garantizar la destrucción total del complejo subterráneo iraní. Por ello, la estrategia estadounidense incluiría múltiples ataques consecutivos para maximizar la efectividad del operativo.






