Un sistema de Salud que difícilmente será de primer mundo

Por Sergio Mejía Cano

Pues por más que se esfuerce el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en decir que dejará un sistema de Salud mejor que el de Dinamarca, la actitud de varios trabajadores del Sector Salud se está encargando de echar abajo todo su esfuerzo. Bastantes son las quejas a diario de malos tratos de recepcionistas, encargados de las farmacias y hasta de algunos integrantes del equipo médico, sobre todo en las áreas de urgencias.

Y por más que diga AMLO que se pretende dejar un sistema de Salud de primer mundo, siguen constantes las quedas de falta de medicamentos a pesar de que tanto el mismo presidente de México, como el director general del IMSS digan y afirmen que los medicamentos ya no escasean como antes, la falta de los mismos o la negación de que los haya en las farmacias se siguen dando a diario; así como elevadores descompuestos y falta de vigilancia para los pacientes que llegan a las clínicas en la madrugada para alcanzar cita y que encuentran aún las puertas de clínicas y hospitales cerradas, por lo que muchos pacientes han sido víctimas de asaltantes amparados por la oscuridad reinante.

Muchas de estas personas que se encargan de la recepción de pacientes que acuden a consulta se comportan en forma prepotente, indolente y sin ningún miramiento sobre los padecimientos que tienen que pasar primeramente por el filtro de la recepción y, en algunas ocasiones hacen preguntas que solamente los médicos tendrían que hacer y, si los pacientes no responden a todos sus requerimientos, hacen esperar a los pacientes más tiempo del debido, así alguno o más pacientes presenten altos grados de temperatura corporal.

El pasado domingo reciente, una pareja, mujer y varón, se presentó en las instalaciones del nuevo hospital del ISSSTE en la zona de La Cantera, cercano a la laguna de Mora, llegaron al área de urgencias aproximadamente a las 17:00 horas, pues la señora se sentía mal de todo su organismo doliéndole pecho y espalda, sin mostrar síntomas de alta temperatura; pero sí mucho desgano, poca fuerza y dificultades para caminar, padecimientos que tanto la misma señora como su esposo le atribuían a un posible incipiente coma diabético, pues la señora padece esta enfermedad.

En la ventanilla de recepción en urgencias estaban atendiendo dos varones, el esposo de la enferma se acercó a uno de ellos para solicitar la atención de consulta, el recepcionista después de tomar los datos de la paciente, le indicó al esposo que tomaran asiento y que pronto serían llamados a un consultorio que tenía las letras “TRIAGE”.

Pero pasaba el tiempo y nada que eran llamados para consultar a la señora. A eso de las 19:00 horas, los varones de la ventanilla de recepción comenzaron a hacer movimientos de retirarse, se levantan de sus sillas y uno de ellos se dirige a los pacientes y sus acompañantes diciéndoles que terminaba su turno; pero que a las 20:00 (ocho de la noche) entraría el otro turno y entrarían también los médicos encargados para la consulta; sin embargo, hasta después de las 20:20 horas comenzaron a llamar a consulta, generando la sorpresa de algunos pacientes, pues uno de ellos se acercó a la ventanilla de recepción y preguntó a uno de los recién llegados, uno de lentes y con cara de pocos amigos, que qué estaba pasando, que él ya tenía desde las dos de la tarde y aún no lo llamaban y que se había dado cuenta de que a quien habían llamado apenas acababa de llegar.

El recepcionista de lentes, le dijo al paciente que ese no era su problema, que él había mandado los papeles de las citas para consulta a los consultorios que era decisión del médico en turno llamar a quien se le antojara. El paciente le dijo al recepcionista por qué no había mandado las solicitudes de acuerdo a como habían ido llegando los enfermos; pero el recepcionista con prepotencia le dijo al enfermo que él no tenía por qué decirle cómo debía trabajar; que él -el recepcionista- sabía lo que hacía.

El señor de la pareja que había llegado a eso de las 17:00 horas se acercó con el recepcionista de lentes y le dijo que el consultorio con las letras TRIAGE aún no había abierto y el individuo de lentes sin levantar la vista le dijo al señor que ese consultorio no trabajaba de noche, que posiblemente lo llamarían a otro, que se sentara y siguiera esperando a que lo llamaran. El señor se disgustó, lo que molestó al de lentes que le dijo que pusiera su queja y hasta llamó a los de seguridad quienes le dijeron al señor que ese recepcionista era un tal por cual.

Sea pues. Vale.

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