Investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) desarrollan una innovadora línea de investigación que plantea el uso del veneno de abeja como terapia complementaria para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, con el objetivo de potenciar los efectos de los medicamentos convencionales.
El estudio, realizado por especialistas del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), en Zapopan, fue encabezado por Silvia Josefina López-Pérez, Marco Antonio Noriega-Ruiz y Alma Karen Lomeli-Lepe. Los resultados fueron publicados en la revista Neuroprotection.
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que provoca la pérdida progresiva de las neuronas encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento. Entre sus principales síntomas se encuentran los temblores en reposo, la rigidez muscular y la lentitud en los movimientos.

Actualmente, el tratamiento más utilizado consiste en la administración de levodopa (L-DOPA) combinada con carbidopa, medicamentos que ayudan a restablecer los niveles de dopamina en el cerebro. Sin embargo, su eficacia puede disminuir con el tiempo y generar complicaciones motoras en algunos pacientes.
Ante este panorama, los investigadores analizaron las propiedades del veneno de abeja, el cual contiene compuestos como la melitina, la fosfolipasa A2 y la apamina, conocidos por sus efectos antiinflamatorios, antioxidantes y neuroprotectores.
La investigación se llevó a cabo en un modelo experimental de Parkinson inducido en ratones mediante 6-hidroxidopamina (6-OHDA). Los animales que recibieron la combinación de veneno de abeja con la terapia convencional mostraron una mejoría significativa en su desempeño motor, mantuvieron una mayor simetría en las extremidades anteriores y presentaron menor arrastre de las patas en comparación con aquellos tratados únicamente con L-DOPA y carbidopa.
Además de los beneficios en la movilidad, los científicos observaron mejoras en las pruebas de memoria, lo que sugiere un posible efecto positivo sobre las funciones cognitivas.
La investigadora Alma Karen Lomeli-Lepe explicó que el objetivo del estudio fue determinar si el veneno de abeja podía potenciar los efectos de la terapia estándar contra el Parkinson. Aunque los resultados son alentadores, subrayó que aún se requieren más investigaciones para comprender los mecanismos responsables de estos beneficios y evaluar su posible aplicación en seres humanos.
Los especialistas concluyen que el veneno de abeja representa una alternativa prometedora como tratamiento complementario para la enfermedad de Parkinson, aunque enfatizan que, por el momento, no sustituye las terapias convencionales y será necesario realizar nuevos estudios antes de considerar su uso clínico.







